«Nunca lo vi tan negro como ahora»

Los trabajadores de las auxiliares de Navantia se enfrentan dentro de pocas semanas al fantasma del paro


beatriz couce | ferrol

Son 120 los que caminan con paso firme a la búsqueda de una solución para el naval, pero representan a 5.500 familias de Ferrolterra que se aferran al trabajo que pueden proporcionarles los astilleros públicos. La preocupación por el futuro y la falta de perspectivas ha borrado la fina línea que siempre ha separado a los operarios públicos y a los de las compañías auxiliares. La unión en demanda de carga de trabajo es total. Y también el convencimiento de que nunca hasta ahora la crisis de esta industria sobre la que pivota toda la economía de Ferrolterra había sido tan profunda.

Robustiano López y sus compañeros de nervión

«La empresa está haciendo esfuerzos». Nervión es la única auxiliar que queda en la antigua Astano dedicada a tareas de producción. Pero la planta de Fene está agotando su ocupación, la fabricación de bloques para los destructores que Navantia diseñó para la Armada de Australia, y que se están montando en el país. Son cerca de doscientos setenta operarios, que en pocas semanas podrían enfrentarse a la pesadilla del paro. «Sabemos que el trabajo se acaba. Es inminente. La empresa está haciendo verdaderos esfuerzos para aguantar a la gente, con cambios en los turnos, pero si no hay obra...», afirma Robustiano López, de la firma. Junto a Iván García, Daniel Grueiro, Miguel Bonome, Agustín Fernández y Jesús Villaverde forman parte de la marcha humana que hoy culmina en A Coruña en demanda de carga de trabajo para las plantas públicas. «Nunca lo vi tan negro como ahora. No tenemos perspectivas de trabajo en ningún sitio: los astilleros de Vigo y de Juliana están como están y tampoco hay obras en otros sitios. Es penoso, pero es así», comenta Daniel Grueiro. «Necesitamos algo ya, ya está bien de promesas. Ahora son todos del mismo partido, así que lo tienen más fácil para actuar y ofrecer una solución», afirmó Agustín Fernández, presidente del comité de empresa.

María C. Portela

«Si se hunde Navantia, se hunde Ferrol». Pertenece a la plantilla de Acciona y lleva 12 años trabajando en Navantia, en la limpieza del astillero. Sostiene que «estos días no se habla de otra cosa» entre los trabajadores, tanto directos como auxiliares, del naval ferrolano que de la falta de trabajo. «No quiero ni pensar en lo que puede pasar, pero creo que si se hunde Navantia, se hunde Ferrol», afirma. Entre el mar de compañías auxiliares que trabajan en los astilleros de Ferrolterra, admite que Acciona será de las últimas en acusar la falta de trabajo, porque mientras haya actividad, la limpieza será necesaria, aunque sostiene que «ya se está hablando de cerrar áreas de trabajo», por lo que si esta intención se lleva a cabo, también serán perjudicados. Considera que en la comarca ferrolana cada vez hay más gente consciente de que el problema de ocupación en las factorías va a repercutir de inmediato en la marcha de la ciudad. «Antes nos decían que si éramos unos privilegiados, por trabajar en Navantia, pero ahora se empiezan a concienciar», sostiene. Por ello, desafió al cansancio y al frío y no lo dudó en echarse a andar con el resto de compañeros de los comités de las antiguas Astano y Bazán y de otras auxiliares, en demanda del trabajo que puede despejarle el futuro. Aunque no tiene familia a su cargo, ya que su hija se ha independizado, asegura que «no quiero ni pensar en lo que podría pasar si perdiera el empleo». Espera que la movilización sirva para que se atiendan las demandas de los trabajadores. «Es que si se hunde Navantia, se hunde Ferrol», apostilla.

Bruno rodríguez

«El trabajo aún se puede acabar antes de lo que pensamos». Como el resto de la plantilla auxiliar del naval de la ría, Bruno Rodríguez ve acercarse el fantasma del desempleo. Su empresa ha sido doblemente golpeada por la crisis de dos de las principales industrias gallegas: el naval y el eólico. Tras quedarse sin trabajo en la fabricación de componentes para aerogeneradores, despidió a un centenar de operarios y los pocos que quedan en Navantia están afectados por un ERE hasta junio, que aún no entró en vigor, pero podría hacerlo tan pronto acaben la obra de colocación de los conductos de ventilación del megabuque australiano. «El trabajo aún se puede acabar antes de lo que pensamos si Navantia decide quitar trabajo a las auxiliares y dárselo a su plantilla», dice.

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