Despedidos tras el cierre de grandes empresas gallegas cuentan su regreso al mundo laboral
31 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Casi todas las historias comienzan igual. Primero, los retrasos en la nómina, después, la cancelación de las pagas extras y, un buen día, los sindicatos convocan a la plantilla en asamblea para comunicarles la noticia: «La empresa va a presentar un expediente de regulación de empleo (ERE), pero no lo vamos a consentir».
Después vienen la movilizaciones en la calle, las protestas ante la sede de la Xunta, los encierros y las noches en vela, que irremediablemente dan paso al rendido agotamiento, la extinción del contrato y el subsidio de desempleo.
La Voz ha reunido el testimonio de cuatro extrabajadores de grandes empresas como Caramelo, Contsa, Vidrieras del Atlántico y LM, víctimas de conflictivas y traumáticas regulaciones de empleo que han conseguido volver al mercado laboral. Sus testimonios revelan que no es un regreso fácil ni rápido, y son solo un ejemplo de situaciones que se repiten por toda Galicia, en donde, hasta noviembre pasado, casi 3.000 trabajadores han sido despedidos mediante un ERE de extinción.
En el caso gallego, la incorporación al mercado de trabajo se dificulta por momentos, debido a que es ahora cuando el impacto del desempleo está arrojando los peores registros desde que comenzó la crisis, en el segundo semestre del 2007.
Expertos en selección de personal consultados por La Voz explican que la consecución de un trabajo después de un ERE traumático es un proceso más largo y complejo, debido a que la asimilación del revés lleva más tiempo a los afectados.
Despidos traumáticos
«Estamos hablando de trabajadores que se sentían seguros en sus puestos y que nunca pensaron en que se podían quedar en la calle», afirma Laura Seara, de la consultora GSM. Añade que, en la mayoría de los casos, estos trabajadores han estado décadas en una misma empresa. Una estabilidad que, cuando se rompe, produce un vértigo que hay que vencer si se quiere seguir avanzando en la carrera profesional.
Las cargas familiares, las nuevas generaciones que llegan pisando los talones, un reciclaje profesional que quizá no se haya acometido aún, son algunos de los miedos que se presentan en la nueva situación, sobre todo si el desempleado supera los 45 años, porque en esa edad son habitualmente menos versátiles y están acomodados en contratos más estables y mejor remunerados.
Manuel, Vanesa, Alfredo y Eloy demuestran que hay mucha y, en muchos casos, mejor vida laboral después de un ERE.