Dicen en el entorno ganadero que no se puede vender la leche antes de catar la vaca. Pues eso mismo ha debido pensar la autoridad europea que regula el funcionamiento de los mercados financieros cuando el jueves prohibió la apertura de posiciones cortas en España, Italia, Francia y Bélgica durante los próximos 15 días.
Para los profanos en la materia resultará difícil entender que se pueda vender algo antes de comprarlo. Si lo hiciésemos con un coche o con una vivienda, probablemente acabaríamos en la cárcel por estafa, pero en los mercados financieros es una práctica habitual que se ha realizado desde siempre. Se piden prestados los títulos para venderlos después y se espera al objetivo de caída para recomprarlos, ganando la diferencia, siempre y cuando el valor baje.
Pero a pesar de ser algo bastante corriente, dudo mucho que haya tenido un efecto sustancial en las últimas caídas de los mercados. Seguramente han influido más las operaciones con derivados y las ventas en descubierto durante el día, que se cierran siempre antes del fin de la jornada, y que no pueden ser controladas ni limitadas en modo alguno por el supervisor del mercado bursátil.
Lo que sí tendrá esta medida es un efecto disuasorio. Reducirá las posiciones cortas por miedo a nuevas intervenciones o limitaciones que empujen el mercado al alza. Es como si estamos jugando al póker, viene una ráfaga de viento y pone nuestras cartas al descubierto. Es probable que las sujetemos mejor en la próxima mano.
La parte negativa de estas medidas es que sitúan al regulador cada vez más en el centro de la actividad de los mercados como principal suministrador de noticias relevantes, cuando deberían ser los datos macroeconómicos y los resultados empresariales los que se valorasen a la hora de adoptar las decisiones de inversión. Regular a las duras lo que se permitía a las maduras no es bueno, aunque sea de forma temporal.