Westfalia exige 41,3 millones a la firma finlandesa por llevarse una fábrica a Rumanía y dejar en el paro a 2.300 trabajadores
07 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Para los alemanes y para muchos europeos, Nokia era hasta ahora el ejemplo perfecto de empresa del siglo XXI, moderna, social y bien organizada. Líder mundial en telefonía móvil, con salarios y condiciones laborables de envidia y una productividad a prueba de crisis basada en la excelencia tecnológica, la empresa finlandesa había sido capaz de dejar en la cuneta a los gigantes del sector en Alemania, Estados Unidos y Japón sin renunciar por ello a tratar bien a sus empleados.
Hasta ahora, los alemanes hubieran deseado que Siemens, Opel y Electrolux, por poner algunos ejemplos, fuesen tan cool como Nokia. Pero la imagen de la empresa finlandesa se les ha venido abajo desde que supieron que planea cerrar la fábrica que posee en la pequeña localidad de Bochum, en el estado de Renania-Westfalia, al oeste del país y lindando con Bélgica, Francia y Luxemburgo. Allí trabajan 2.300 personas, y Nokia ha descubierto que puede ahorrarse mucho dinero dejándolas en la calle y llevándose la factoría a Rumanía, donde pagará sueldos infinitamente más bajos.
No es que los alemanes no estén acostumbrados a las deslocalizaciones, que suelen producirse con relativa frecuencia en el país más industrializado de Europa. Pero en esta ocasión las cosas se han puesto más feas, porque las autoridades regionales de Westfalia se han sentido literalmente estafadas.
En 1998, cuando Nokia se instaló en los terrenos de una antigua fábrica de televisores de Bochum, llegó a un acuerdo con la Administración de esa región para hacerse con un incentivo público de 41,3 millones de euros. Y el Gobierno no ha dudado en reclamárselos tras conocer el anuncio de cierre.
«Estamos muy asombrados por esa reacción», sostienen los portavoces de Nokia, que aseguran que la multinacional ha cumplido escrupulosamente con lo pactado en 1998, y que desde entonces han invertido más de 350 millones de euros en las instalaciones de Bochum, que han dado empleo a una media anual de más de 3.100 trabajadores.
Según Nokia y su asesor financiero, el Deutsche Bank, la pretensión del Gobierno de Renania-Westfalia «carece de fundamento jurídico». Y es verdad que, aunque lo tuviera, probablemente la devolución de esa cantidad ni siquiera representa una amenaza lo suficientemente severa como para hacerle cambiar de planes. Nokia ganó el año pasado 7.205 millones de euros tras saldar sus obligaciones fiscales, un 67% más en el 2006. Así que esos 41,3 millones ni siquiera le harán cosquillas.
Claro que el asunto sí puede traerle complicaciones comerciales por el deterioro de su imagen en Alemania, cuya sociedad entiende su actuación como un exceso de avaricia. La planta que Nokia pretende deslocalizar le proporcionó el año pasado 134 millones de beneficios.