Medio Ambiente estima que la obra de la operadora vasca en Parada es de «gran impacto» La eléctrica pretende construir una balsa de 37 hectáreas en el enclave protegido
06 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.La Xunta ha apostado una vez más por mantener «intacto» el paisaje y ha desaconsejado al Gobierno central el proyecto de aprovechamiento hidroeléctrico de Santa Cristina, en el río Sil, porque, según los técnicos del departamento de Manuel Vázquez, su construcción supondría «un gran menoscabo del espacio natural desde el punto de vista paisajístico». Las fuentes consultadas sostienen que en estos casos el Ministerio suele dar por bueno el informe del Gobierno autonómico. El director xeral de Conservación da Natureza, Xosé Benito Reza, explicó ayer en el Parlamento que una vez que la Xunta ha comprobado in situ la envergadura del proyecto, junto con técnicos de la propia Iberdrola, concluye que la iniciativa constituye un «elemento perturbador del paisaje». La central hidroeléctrica de Parada do Sil, en el embalse de San Estevo, es el proyecto más ambicioso de los tres que tiene previstos Iberdrola en esta cuenca fluvial. Supondría una inversión de 270 millones de euros y la construcción de una central subterránea, mediante el «tunelado» del cantil. La empresa pretende aprovechar, a partir de las ocho de la tarde, en horas de mucha demanda, la caída de agua procedente de una balsa, que previamente ha sido bombeada desde el río, en horas de aplicación de la tarifa nocturna. De la magnitud de la central dan idea los seis años que tardarían en finalizarse las obras. La Xunta argumenta para desaconsejar el embalse que el proyecto se ubica en el interior de la zona de especial protección de los valores naturales de los Cañones del Sil, y afecta también a los «brezales secos europeos» y a los bosques de Castanea sativa. La Consellería de Medio Ambiente pone de relieve además que afecta a otros hábitats no catalogados, como las pendientes rocosas silíceas, roquedos con vegetación pionera, turberas altas activas y depresiones sobre sustrato turboso. La Xunta entiende que todos estos ecosistemas se perderían, porque la balsa proyectada ocuparía una superficie total de 37 hectáreas, el parque de transformación, casi 5.000 metros cuadrados, y las modificaciones de viales o la construcción de otros nuevos conllevaría actuaciones sobre 1,6 hectáreas. El departamento de Medio Ambiente hace especial hincapié en la pérdida de los brezales secos europeos, «muy bien representados en la zona en cuestión, tanto por composición florística como por extensión, continuidad y grado de desarrollo».