El cirujano Diego González Rivas, pregonero de este año, echó mano de Álvaro Cunqueiro para afirmar que «a cocina é a paisaxe posta na pota»
08 feb 2026 . Actualizado a las 22:50 h.No sabe si fue por la magia que obraron los miles de fervientes fieles del Cocido de Lalín o las cinco docenas de huevos llevadas por el alcalde, José Crespo, y el concejal Avelino Souto, a las clarisas. Pero ayer se obró el milagro y después de semanas de diluvio, vecinos y visitantes disfrutaron de los actos de la Feira do Cocido en una mañana totalmente seca y hasta con sol. Con el reclamo de esa tregua dada por los temporales, las calles y los restaurantes de la capital dezana se llenaron de nuevo hasta la bandera de forofos del plato rey llegados desde toda Galicia y de fuera de ella en una fiesta gastronómica que lleva el sello de internacional. En la Encomenda do Cocido, con la que se abrieron los actos en el vestíbulo del consistorio, fueron investidos a golpe de cucharón el cirujano torácico coruñés y pregonero de este año, Diego González Rivas; Irene Villa, escritora, psicóloga y un referente en superación personal; el empresario lalinense Ramiro Mejuto; el seleccionador nacional de fútbol, Luis de la Fuente; el físico y divulgador Jorge Mira; la concejala de Turismo de Madrid, Almudena Maíllo; el escritor, pintor, coleccionista e impulsor del Museo Galego do Xoguete en el Pazo de Liñares lalinense, Antonio Chaves; la conselleira de Vivenda, María Martínez Allegue y el secretario xeral da Lingua, Valentín García. Estos compartieron acto con una larga lista de comendadores y autoridades.
Orgullo gallego
Diego González Rivas definió en su pregón la Feira do Cocido como «unha expresión colectiva, unha declaración de orgullo e unha forma de dicirlle ao mundo quen somos e como entendemos a vida». El cirujano añadía al milagro de la ausencia de lluvia, otro: el que le permitió llegar a tiempo para la celebración. Poco antes, contó, estaba en Kabul. El avión no podía salir por la nieve y la opción que encontraba le haría llegar ayer por la tarde a Madrid. Al final, tras encadenar cuatro vuelos consiguió llegar ayer por la mañana a Santiago. En su discurso echó mano de Cunqueiro, el primer pregonero de la Feira do Cocido hace ya 58 años, para afirmar que «a cociña é a paisaxe posta na pota».
Un año más no defraudaron comparsas y carrozas que requirieron meses de preparación previa. Este año competían seis carrozas etnográficas de colectivos lalinenses con recreaciones de oficios y escenas costumbristas. El primer premio fue para la parroquia de Sello que mostró el proceso de la llegada de la luz a las aldeas en una representación que incluso recreó el cartel de la Feira do Cocido de este año, obra de Barreiro. Este año, por primera vez, el Lalín Arena se convirtió en multitudinario comedor para dar cabida a un mayor número de comensales con un cocido preparado por el chef lalinense Álex Iglesias.
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En la Carpa do Cocido, los puestos ofrecieron durante el fin de semana un amplio abanico de productos entre ellos, embutidos y todos los derivados del cerdo, a los que se sumaron dulces, quesos y artesanía. Los vendedores estaban contentos con las ventas pero consideraban que la afluencia a este espacio fue algo menor que otros años. Un hecho que alguno achacaba al buen tiempo que hizo, decía, «que a xente quixera estar fora e gozar nas rúas despois de tanta auga».
Por la tarde, tras un cocido que requiere sobremesas largas, la fiesta continuó por las calles con la animación de la charanga Kilómetro Cero y posteriormente con una verbena de tardeo bajo una carpa en la Praza da Igrexa con la charanga lalinense Ardores y la orquesta Tequila.