Feria de rebajas y plantones en Lalín

A Estrada la ampliará a Irmáns Trigo para dar cabida a todos los puestos


Lalín / la Voz

Las ferias recobran la normalidad y los puestos volvieron a instalarse en las calles. Ayer se celebraron en Lalín y A Estrada sumando ya a los puestos de alimentación y de plantas todo tipo de productos. Hoy será en Cruces. El buen tiempo animó la presencia de vecinos. Los vendedores se alegraban de la recuperación paulatina de todas las de la zona. Si en los comercios tradicionales el inicio del mes de marzo viste los escaparates ya con las prendas de la nueva temporada de primavera-verano, en el mercado reinaron ayer las rebajas. Los carteles de liquidaciones y descuentos salpicaban los puestos de ropa manteniendo las rebajas vivas en la feria.

En la de Lalín se podían encontrar ayer pantalones y blusas a cinco euros, camisas a seis y a diez euros y otras gangas por el estilo. Los ambulantes se quejan de los cierres que les dejaron sin poder trabajar durante las últimas semanas a causa de las restricciones y la suspensión de muchas de las ferias. Las ventas tienen como objetivo liberar mercancía a la vez que hacer caja para comprar prendas de la nueva temporada.

Christian de O Carballiño comentaba ayer que «nos cortaron cuando íbamos a liquidar. Ahora tendríamos que poner primavera, pero ¿qué hacemos con toda la mercancía que tenemos?».

En Lalín hubo bastante afluencia de público controlada por efectivos de la Guardia Civil y la Policía Local que velaron por el cumplimiento de los protocolos, especialmente del uso de mascarillas. Muchos de los ambulantes calificaron la feria como floja y con bastante público pero pocas ventas en lo que se refiere a ropa y calzado.

Otra cosa fueron los puestos de plantas y plantones cuya presencia se multiplicó ayer respecto a las últimas citas. El mes de marzo es en el que arrancan las plantaciones de huerta. De ahí, una mayor afluencia de vendedores. Este tipo de puestos concentró la mayoría de las compras de los vecinos. José Manuel Villar García de A Horta das Flores, en Arzúa, explica que «levamos moitos anos vindo a Lalín». Ayer el puesto estaba lleno de plantones de todo tipo de lechugas, repollos, pimientos, cebollas y brécol, entre otros. Los compradores solían llevar plantas por valor de «uns 15 ou 20 euros», apunta.

En otros puestos también esperaban turno otros vecinos en busca de diferentes tipos de árboles frutales, algunos de los cuales lucían ya floridos o de plantas de flor típicas de esta temporada para colocar en tiestos o embellecer jardines.

Para los vendedores de plantas la feria de ayer respecto a las últimas fue «como o día e a noite. Antes viñas case por vir, porque apenas había xente cos peches perimetrais e coas restricións», comentaba alguno.

En A Estrada la tradicional feria de los miércoles se celebró ayer con el 50 % de los puestos y la única novedad del regreso de las pulperías con servicio en mesa. Todos los negocios de pulpo volvieron a desplegar sus carpas y a servir raciones con su aforo al 50 %, ya que tienen la misma consideración que las terrazas.

El próximo miércoles, la feria ampliará su espacio físico para poder dar cabida al 100 % de los puestos. Estos se extenderán a la calle Irmáns Xosé e Severino Trigo, desde el cruce con Calvo Sotelo hasta 25 de Xullo.

De esta forma los puestos habituales podrán distanciarse más. La fórmula -salvo nuevas restricciones- se mantendrá ya hasta la reforma de la Praza da Feira.

«Yo tengo miedo a comprar mercancía porque no sé si voy a poder venderla y habrá ferias»

Francisco Jiménez Montoya se quejaba en su puesto de que «llevamos un año y cada mes se pone a cosa peor. Abren un par de ferias y se cierra otra vez». Una situación de incertidumbre de la que se hacían eco otros compañeros en el mercado. Este vendedor ambulante señala que «yo tengo miedo a comprar mercancía porque no sé si voy a poder venderla y si habrá ferias porque la situación está cambiando cada quince días». Ve en la clientela temor a comprar y a gastar «porque la situación está difícil».

El miedo al coronavirus también se nota y un año después del inicio de la pandemia los vendedores ambulantes ven en los vecinos mucho desánimo. Dice Jiménez Montoya que «la gente ya no prueba bien la ropa» por temor. Christian de O Carballiño comparte su opinión y señala que «a uno le duele el pellejo de uno, pero estamos todos igual». La mayoría de los vendedores en Lalín coincidían en que aunque hubo movimiento pero sin aglomeraciones las ventas fueron escasas.

Los pulpeiros y churreros, en cambio, celebraban la vuelta de los vecinos. Mario y Laura de O Carballiño señalaban mientras cortaban unas tapas de pulpo que «polo menos vese máis movemento» y hacían una llamada a la responsabilidad individual para poder mantener el virus bajo control y evitar, dentro de lo posible, retrocesos que nos aboquen a otros cierres. Otra pulpeira señalaba que «nótase vida e así da gusto. Polo menos saímos da casa». Alejo López, de la localidad ourensana de Laza, apuntaba que «isto é unha ruína, perdemos cartos» aunque le consolaba que al menos de momento «ir escapando sen virus».

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