Dofeca, el primer centro comercial dezano

Contaba con seis plantas comunicadas por ascensor, hoy reducidas, en las que se ofrecían productos de droguería, ferretería, juguetería, joyería, tienda de deportes, caza y pesca, puericultura y electrodomésticos


Lalín / la voz

Lalín presume de contar con gente emprendedora y pionera, un gen empresarial que le sirvió en su día para afianzar un próspero comercio y una gran industria. Hoy, con el aguijón de una nueva y grave crisis provocada por la pandemia, la capital dezana sigue siendo el lugar de referencia comercial de esta comarca del interior provincial. El próximo junio se cumplen 34 años de la inauguración del que fue el primer centro comercial de Deza. Ubicado en la confluencia de las rúas Principal y Rosalía de Castro, Dofeca contaba con seis plantas dedicadas a todo tipo de productos y unidas por un ascensor al estilo de los conocidos grandes almacenes, un privilegio en esas fechas solo de las grandes ciudades.

En enero del 2014, hace siete años, la empresa realizó un cambio y después de liquidar la mercancía de muchas de aquellas plantas se quedó solo con los servicios de ferretería, pequeño electrodoméstico, droguería y, en otro local independiente, con el de joyería y relojería. Al frente de Dofeca se encuentra Sandra Docampo Calvo, que dirige la empresa con su hermana Inés, responsable de la joyería Ariña, propiedad de la familia y situada en el número 8 de la rúa Observatorio, a pocos pasos de este antiguo centro comercial que ya tiene vacías muchas de sus plantas.

Sandra Docampo explica que «cando abriu foi toda unha novidade». Su apertura coincidió con su nacimiento y recuerda las vísperas de Reyes en las que toda la familia, hermanos, tías y primos, incluidos echaba una mano en la tienda para envolver regalos.

El padre de Sandra e Inés, Jesús Docampo, ya fallecido, tuvo una relojería y con su cuñado Enrique Ferreiro que se encontraba en Venezuela y fue el socio capitalista se echó a andar el centro comercial. «Foi cousa do meu tío, estaba de socio capitalista e meu pai o levaba todo», explica.

El negocio tuvo mucho movimiento en su día, ya no solo por la novedad, sino también por la amplia gama de productos que servía. Su fachada de hormigón con pequeñas ventanas no pasa aún hoy desapercibida.

En el subsótano se encontraba la ferretería, y en la planta baja la juguetería. En el primer piso si se entraba por Rosalía de Castro, y en el bajo con entrada también independiente desde la rúa Principal, se emplazaba la joyería y pegada a ella una farmacia de un tío de Sandra que también era socio y con la que ahora se quedó su prima, ampliada hace siete años. Esa decisión hizo que la joyería se mudara a otro local.

Un piso más arriba estaba la planta dedicada a droguería y subiendo se encontraba la dedicada a deporte, caza y pesca y la última a electrodomésticos.

Dofeca incluía en su oferta una sección de puericultura en la que se vendían cunas, sillas y todo tipo de mobiliario y complementos para bebé, incluido calzado infantil. En la de deportes se podía encontrar también ropa de trabajo y prendas para la práctica de todo tipo de disciplinas deportivas. Sandra, al igual que otros miembros de la familia, pasó mucho tiempo en la tienda y echó una mano desde adolescente. Cuenta que «eu son de Botos e cando viña a actividades, ao saír quedaba aquí con meu pai».

Siguen teniendo clientes de toda la vida «algúns dos que xa tiña meu pai na reloxería». Cuando liquidaron la mercancía de la juguetería, comenta Sandra, «viña moita xente de fora, coleccionistas sobre todo en busca de xoguetes». Sobre todo, apunta «Playmobil, Nancys, Barriguitas, os pin e pon antigos,...». Precisamente los Playmobil fueron un furor durante muchos años y un clásico que aún continúa en boga. «Vendíamos mogollón, foi un éxito asegurado», señala Sandra, que recuerda «cando empezaron a chegar os ordenadores educativos e as motos a batería» causaban sensación.

De sus regalos de Reyes recuerda con especial cariño los pin y pon que fue atesorando. Su mejor obsequio navideño: «a casa grande das pin e pon, xoguei un montón con ela e a herdou a miña sobriña». Señala que «antes xogabamos moito máis, agora chega a Comuñón e a ningún neno se lle regala xa un xoguete: Non os queren e xa é un ordenador, unha consola, un teléfono,... Deixase de ser neno moito máis cedo». Algo que ven también en la joyería. «Agora a esa idade xa levan pendentes largos de maior e cousas de adulto», añade.

Mientras hablamos por la tienda pasa un goteo continúo de clientes. Muchos de ellos vienen a por tornillos y elementos de ferretería, de jardinería o de bricolaje. Sandra explica que en la ferretería lo que más se vende es tornillería y cerraduras. Señala que «nós vivimos moito da xente da aldea, o que máis e o que menos ten horta e en xeral véndese moita cousa para horta, xardinería e para a casa». Con la pandemia «véndese máis, especialmente todo tipo de cousas destinadas ao mantemento da casa. Vese que o pasar máis tempo nela lle prestamos máis atención», comenta.

Y aunque con el confinamiento la gente cocina más, en Dofeca no notaron mucha diferencia aunque sí un poco más de demanda. Por estas fechas con el cocido aún reinando en las mesas de la comarca, el escaparate de Dofeca luce cada año filloeiras variadas y algunas cazuelas y menaje de tamaño XXL. Aunque para el cocido se necesita «unha pota grande si ou si», Sandra afirma que «co paso do tempo todo tende a ser máis pequeno porque as familias van sendo tamén máis pequenas, e agora coa pandemia redúcese aínda máis».

En el 2014, Sandra Docampo se puso al frente del establecimiento en el que trabajan ella y Carlos Rozas García como empleado. En los últimos meses, al igual que les pasó a otros establecimientos «collemos moita clientela» y cree que la gente «ao non poder saír e viaxar lle dedica máis tempo á casa e dáse máis caprichos», algo que ven en las ventas de la joyería, asegura Sandra.

Desde 1987

Dofeca está en el número 1 de la rúa Rosalía de Castro desde 1987. Sandra Docampo está al frente desde 2014.

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