Una jornada de feria menguada en Lalín y con escaso público


lalín / la Voz

Lalín, bajo las restricciones sanitarias impuestas por el crecimiento de contagios de covid-19, limitó la feria quincenal, que volvió ayer a menguar manteniendo solo los puestos de alimentación. En el campo da feira vello se contaban sobre una veintena de puestos, incluidos los dos pulpeiros y la churrería, en una jornada con poco movimiento. Los agentes de la Policía Local indicaron que habían llamado a cada no de los feriantes para comunicarles los cambios y algunos de los que ayer pusieron su puesto se quejaban de que la gente estaba despistada y no sabía si había o no había feria y si los puestos de venta de plantones de huerta estaban en O Regueiriño o el campo da feira.

Entre los vendedores habituales de plantas, árboles y flores, también hubo reducción y varios ya habían anunciado que no iban a venir porque consideraban que la feria, al verse reducida, iba a ser escasa en ventas y manifestaron que estaban muy atareados con la plantación de especies destinadas a Difuntos.

La feria retrocedía de nuevo en el tiempo y menguaba para quedar como en otras pasadas en pleno estado de alarma. Entre los productos a la venta aparecían algunos propios de la estación como las castañas.

La gran explanada hacía que ante la escasez de puestos, el espacio se viese muy vacío y aunque delante de algunos puestos esperaba una decena de compradores, nada que ver con la afluencia y las aglomeraciones de una jornada normal sin pandemia.

El recorte provocó las quejas de la Asociación Galega de Ambulantes Autónomos. Los vendedores de productos no perecederos que se desplazan habitualmente a la feria lalinense se sintieron discriminados y recuerdan que «as feiras non están prohibidas polas autoridades sanitarias». Subrayan que la de Lalín cumple con las recomendaciones exigidas por Sanidade para a celebración de ferias al aire libre en la fase II y que el mercado ya se adaptó en su momento a la circunstancia actual, ampliando el espacio para cumplir con las medidas de seguridad entre los puestos con pasillos de seis metros de ancho y una separación de 2,5 metros entre los puestos para poder garantizar que los clientes puedan mantener un distanciamiento social. Argumentan que «según os últimos estudos, as probabilidades de contaxio dunha persoa nun mercado ao aire libre son 20 veces inferiores frente a un local pechado» y creen que «o deber das autoridades é concienciar, non negar o dereito fundamental como é o traballo» recordando que pagan los mismos impuestos que cualquier autónomo.

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