AL FILO | O |
23 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.TODO PARTE de una idea, casi todo puede llegar a simplificarse hasta convertirse en un símbolo. El proyecto del nuevo consistorio de Lalín es un ejemplo. La esencia es un círculo, un corazón verde, mutante y variable que se deja querer por lo que ocurre a su alrededor, que se funde con el paisaje y que muda con la luz. El arte, al igual que la arquitectura, tiene muchas veces la virtud de hacernos sentir. Cuando Emilio y Luis, o lo que es lo mismo Tuñón y Mansilla, explicaban la resolución de la idea y la plasmaban en palabras nos iban permitiendo dibujar en el aire las curvas de su silueta, tocar los materiales, sentir el yeso de las paredes, las gomas de colores del suelo, los diminutos trozos de cristales verdes que cubrirán alguna cubierta, ver la luz se filtrara por las cornisas vitrales. Ayer Tuñón y Mansilla mostraban una pareja de novios haciéndose la foto de rigor delante de las paredes de vidrio del Musac y consiguieron su propósito: ilustrar con la mejor imagen el eco de la obra entre los leoneses y la prueba de su éxito. Tal vez la del nuevo consistorio sea una obra faraónica, como piensan algunos: tal vez un Concello como Lalín no debería permitirse estos gastos; tal vez al final el regidor tenga que recurrir a vender camisetas, motivos y maquetas para poder hacer el edificio, como decía medio en broma. Pero de momento lo que hay es un proyecto terminado, firmado por unos vendedores de sueños con los pies en la tierra, especialistas en ajustar presupuestos, en construir de una forma técnicamente impecable y unos artistas en aportar soluciones imaginativas para los espacios. Todo lo que hacemos en esta vida implica un riesgo, sin él el mundo no se movería. El que crea que Lalín no se merece un edificio de vanguardia, que dé mucho que hablar y sea en el fututo objeto de estudio arquitectónico, que tire la primera piedra.