La estradense que enseña a educar sin castigos, sin premios y sin gritos

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

DEZA

miguel souto

Alba Picallo impartirá dos talleres de Disciplina Positiva en noviembre

20 oct 2021 . Actualizado a las 21:12 h.

Educar sin gritar. Podría parecer una utopía, pero hay toda una corriente pedagógica que respalda el modelo y apuesta por la crianza respetuosa para formar adultos autónomos y responsables. Una de las defensoras de esta filosofía es la estradense Alba Picallo Otero. Alba es educadora certificada en Disciplina Positiva por la Asociación Americana de Disciplina Positiva (PDA) y estudiante de Educación Infantil formada en pedagogía Pikler y Montessori. Es devota confesa de la crianza respetuosa y además tiene un hijo de tres años con el que puede poner en práctica cada día la metodología.

Alba Picallo ofrecerá en noviembre en A Estrada dos talleres para familias de orientación en la crianza en los que se enseñarán las herramientas básicas para aplicar la disciplina positiva. Según explica, «en el taller vamos a aprender a ser amables y firmes a la vez. A respetarnos a la vez que respetamos a nuestros peques». El primer taller, previsto para el 20 de noviembre, agotó las plazas en un día. Ahora se ha programado otra sesión que se celebrará el 13 de noviembre en Pintaletras (Castelao, 6).

¿Y qué es la disciplina positiva? Pues educar de forma respetuosa, sin caer en el autoritarismo ni la permisividad. «Hablar de disciplina positiva podría parecer contradictorio, pero no lo es. La base es la amabilidad y la firmeza. La disciplina positiva es una filosofía de vida. Lo puedes aplicar igual a la relación con tus hijos, con tus alumnos o con tu pareja, porque se trata de respetarse», explica Alba.

«En el caso de los niños, permite educar sin gritar y sin tener que echar mano de castigos ni de premios. Yo siempre pongo ejemplos. Si un niño pequeño pinta la pared con rotulador y lo castigas tres semanas sin tele, lo único que vas a conseguir es que te odie. Lo lógico sería explicarle que eso no se puede hacer y por qué, invitarle a limpiar la pintada y explicarle las opciones que tiene para pintar sin hacerlo en la pared», comenta la educadora. «El método punitivo sirve para atajar una conducta en el momento, pero el niño no aprende nada», asegura.

Del mismo modo, la disciplina positiva tampoco admite las recompensas, ya que entiende que la buena conducta debe ser entendida y asumida y no solo buscada para lograr un premio.

«Hay que tratar a los niños como si fuesen adultos, trabajar el respeto mutuo y poner siempre límites que sean coherentes. El otro día en el parque había una niña con tenis nuevos. Había llovido y el suelo estaba sucio. Su madre le decía que, si se ensuciaba los tenis, la iba a castigar una semana sin ver la tele... A veces hacemos cosas que no son lógicas», explica Alba.

Fomentar la autonomía

«Otras cosas en las que insisto son tener en cuenta los sentimientos del niño, intentar razonarlo todo y fomentar su autonomía. ¿Si no les dejamos tomar solos la sopa cómo vamos a pretender que se conviertan en adultos autónomos?», comenta la educadora.

Alba es consciente de que a veces es difícil no perder los nervios, pero asegura que a la larga la disciplina positiva da resultados. «Hay que tener paciencia. No es instantáneo. Todos tenemos momentos malos, pero entonces, como yo digo, agua de colores. Le das agua y pinturas al niño para que se entretenga un rato, desconectas, respiras y vuelves cuando vuelvas a ser persona. Los niños son esponjas y son espejos. No les puedes pedir gritando que dejen de gritar ni que se tranquilicen», comenta Alba.

Diseñadora de material educativo artesanal

Alba empezó su formación profesional como aparejadora. Lo dejó para ponerse a trabajar y, tras ser despedida de su puesto de coordinadora de azafatas después de dar a luz, se embarcó en un proyecto propio que va viento en popa. La idea ya había nacido durante la gestación de su hijo Luis. Alba y su pareja se prepararon a conciencia para recibirle. Se informaron sobre alimentación y educación y descubrieron un mundo fascinante en el que nunca antes habían reparado. Conocieron el método Montessori y, además de ponerlo en práctica, empezaron a diseñar mobiliario doméstico y juguetes inspirados en esa filosofía. Así nació la firma Little l., que comercializa piezas en madera sostenible, sin barnices y con tintes comestibles. Little l. cada día tienen más demanda. La pandemia hizo volver la vista al hogar e incentivó las ventas.