«Xubilarme? Cando o diga o de arriba»

Bea Costa
bea costa RIBADUMIA / LA VOZ

DEZA

MONICA IRAGO

Dositeo Valiñas, párroco de Ribadumia natural de Cerdedo, nunca pensó tener que vivir con la mascarilla, pero, pese a la pandemia y a la edad, el sacerdote sigue dando misa. Y se apunta también a Internet

03 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Al sacerdote Dositeo Valiñas, Don Dositeo, no le gustan los protagonismos. Cree que ya ha salido suficientemente en la prensa, pero es que cien años no se cumplen todos los días, y menos dando misa, argumentamos. De modo que, a falta de cinco días para su aniversario (el 7 de febrero) nos recibe amablemente en su casa para charlar un rato sobre tan importante efemérides. Salvo imprevistos, el domingo no faltará a la misa del mediodía, la misma que lleva oficiando desde hace 76 años, cuando llegó a la parroquia desde su Cerdedo natal.

Después de tanto tiempo y de tantos avatares se siente un ribadumiense más, no en vano fue declarado hijo adoptivo por el Concello y luce con orgullo en el salón de su casa la banda conmemorativa del partido de la Copa del Rey disputado hace dos semanas entre el Ribadumia y el Cádiz. No falló en este día histórico y espera poder seguir participando de la vida social de su pueblo mientras la salud se lo permita, aunque sea en la silla de ruedas a la que recurre para salir de casa. Hace una década todavía conducía su propio coche, un Peugeot 205 con el que se desplazaba entre sus dos parroquias, Ribadumia y Leiro. Hoy necesita que lo lleve Moncho -cuya familia le asiste y vive con el sacerdote en la rectoral- y de la ayuda de seglares a la hora de dar la misa, pero él es el único que puede consagrar y lo sigue haciendo. ¿Hasta cuándo? «Cando o diga o de arriba», responde con una sonrisa. El obispo le da libertad de elección y él, mientras se sienta con fuerzas, quiere seguir casando y bautizando a las terceras y cuartas generaciones de las familias que conoció hace 75 años.

Dositeo Valiñas es memoria viva de Ribadumia y mantiene la lucidez intacta para recordar, por ejemplo, como fue aquel órdago que le lanzaron para construir en terrenos de la iglesia el antiguo campo de fútbol. El oído y el discurso ya no son tan fluidos como antaño, pero al sacerdote se le va gusto a la hora de conversar con dos periodistas desconocidas y parapetadas tras las mascarillas. «Nunca pensei ter que vivir con isto», comenta cuando le preguntamos sobre la pandemia, «pero cantas cousas vin que nunca pensei ver», apostilla. Y aquí esta, testigo de una época en la que hay que ir a la iglesia con la nariz tapada y con aforos reducidos, dispuesto a afrontar lo que venga y hasta con entusiasmo.