L legó la Nochebuena. La loca rueda de la vida gira a velocidad endiablada, y las estaciones se van sucediendo a un ritmo vertiginoso: así que el invierno se cuela entre turrones, cuando aún paladeamos las castañas otoñales y el pequeño recuerdo del agua salada en un verano lleno de agua de lluvia aún nos acompaña. Pasan los meses unos tras otros, pero en todos ellos se mantiene una constante como telón de fondo: la «cosa». Me comentaban hace más de un par de años, cuando empezábamos a entrar en el túnel, que alguna carnicería andaluza tenía un cartel en el que se leía: «Prohibido hablar de la cosa»; porque el carnicero estaba ya cansado que sus clientes, día tras día, comentasen lo mismo: «Hay que ver cómo está la cosa». Lo peor es que, aunque no se la nombre, sus consecuencias son demasiado evidentes para no acordarse. Lo positivo es que las iniciativas solidarias se multiplican, lo que es de agradecer por el esfuerzo añadido que supone en tiempos en los que cada vez sobra menos. Iniciativas como el banco de alimentos y el comedor social que plantea el Concello de A Estrada y la puesta en marcha de la Asociación O Amencer en Lalín, con un planteamiento similar, prueban que la solidaridad no está en crisis, y que afortunadamente tiene voluntad de continuidad, más allá de fechas que concentraban en apenas unos días unos buenos deseos inexistentes el resto del año: mejor repartir la dulzura empalagosa de las Navidades durante todo el año, porque quienes necesitan una mano amiga la precisan el 25 de diciembre, el 10 de marzo y el 6 de mayo. Conviene no olvidarlo.