Félix de Castro no olvidará en su vida el 7 de noviembre de este año. Ese día, a más de 5.000 kilómetros de su hogar, cumplió el que hasta ese momento era su gran reto deportivo: finalizar con éxito el maratón de Nueva York. Remataba ahí una aventura que comenzó a cocinarse en la mente del dezano hace más de cuatro años, cuando comenzó a practicar atletismo y a interesarse por el mundo del maratón. Desde aquel momento hasta ahora han transcurrido horas de esfuerzo y entrenamiento que se vieron recompensadas en la Gran Manzana.
A Félix de Castro le faltan las palabras para describir la experiencia única de participar en «el maratón». El de Nueva York es la cita por excelencia de la modalidad, y el atleta dezano lo tilda de «impresionante» en todas sus facetas, desde el escenario, pasando por la cantidad de participantes (alrededor de 45.000) al apoyo incondicional del público. «Calcúlase que hai cerca de dous millóns de persoas no público, e o seu apoio é constante; a xente anima moitísimo e felicítate cando rematas», resume de Castro.
Una sensación indescriptible de orgullo y felicidad es la que espera un metro más allá de la línea de llegada, cuando los kilómetros previos de sufrimiento y esfuerzo ya dejan paso a un subidón de adrenalina que compensa con creces las horas previas y las prolongadas sesiones de entrenamiento. «Na recta final do maratón hai un cartel que reza: 42 quilómetros de sufrimento para 195 metros de gloria; e iso é precisamente o que se sinte; cando cruzas a meta sínteste un heroe», explica el deportista de la Escola Atletismo Deza.
Trabajo de fondo
Cuando se viajan más de 5.000 kilómetros para participar en un maratón, la posibilidad de no alcanzar la línea de llegada no se contempla. Solo se baraja la opción de rematarla y cerrar así un duro trabajo previo que en el caso de Félix de Castro comenzó el 1 de agosto. «Ademais de practicar deporte habitualmente hai que facer un adestramento específico de arredor de tres meses e medio nos que en total corres entre 700 e 900 kilómetros». El programa de trabajo es meticuloso, con picos de intensidad, fondo y descanso que al combinarse adecuadamente son casi una garantía para poder abordar los 42 kilómetros del maratón.
En el caso de de Castro, la semana previa a su viaje a tierras norteamericanas, tocó descanso, algo que suele recomendarse, aunque una vez en Nueva York, justo el día antes de la prueba, ya participó en una carrera de 5 kilómetros pensada para los miles de extranjeros que se dan cita en la Gran Manzana con motivo de la competición de atletismo.
El mismo día del maratón, el ritual comenzó sobre las cuatro de la mañana. Félix de Castro tuvo que madrugar para poder estar a las 6.40 horas en la zona de salida, justo tres horas antes de que le tocara su turno, pues la salida se hace escalonada. A partir de ese momento, hubo carrera lenta y controlada. «É habitual que os primeiros metros te deixes levar por un ritmo máis alto do que debes, por iso tes que controlar para ir despacio e poder aguantar ata o final», señala el atleta, que recuerda que «o máis duro chega dende o quilómetro 30 ao 40; é o denominado muro, cando as reservas de glucosa están baixas e corres máis risco de desfallecer», algo que no sucedió a de Castro, que con un crono neto de 4 horas y 16 minutos vio cumplido su sueño de coronar el maratón neoyorquino. Unos metros más allá de la línea de llegada le aguardaba su medalla, «que lle pedín á rapaza que ma entregou que ma colgara», recuerda de Castro divertido, así como felicitaciones a diestro y siniestro por la calle.
Dos de cinco
Con el de Nueva York, Félix de Castro ha completado ya siete maratones: 4 veces el de Madrid, una el de Berlín, y otra el de Atenas. De esos, tanto el alemán como el estadounidense se incluye dentro de los cinco más trascendentes, que se completan con Chicago, Boston y Londres, tres citas que de Castro reconoce tener en la recámara, puesto que aunque ya ha corrido el maratón por excelencia, «quedan outros moitos por correr, e sempre hai marcas que rebaixar».