Sí, una rama de la bifurcación es para los políticos y otra, para el pueblo. Una rama es para la «razón sin lógica» y otra, para «lógica de la razón.
Llevamos más de tres años discutiendo si estamos o no en crisis, negando la evidencia, cómo salir de ella, cómo reformar lo irreformable, pero realmente aquí nadie hace nada mientras el pueblo, resignado, calla. Señores políticos, sean humanos, bajen los pies al suelo, toquen al pueblo pero no sus bolsillos, palpen los problemas de cerca pero no divaguen año tras año con medidas que nunca llegan echándose la culpa unos a otros. De lo contrario es mejor la insumisión civil en las próximas elecciones y no votar (por favor, no me vengan con monsergas y me digan que el voto es la voz popular, que es un derecho conseguido, que es la democracia, que es la conciencia, etc, etc). Seamos coherentes y pongámonos a trabajar, codo a codo, sin empujarse. Sean valientes y tomen medidas valientes, destinadas a España, al pueblo.
En primer lugar, en vez de los estatutos de autonomía (que a pocos interesan) reformen las elecciones, celebren una primera vuelta (como en la mayor parte de los países) y hagan una segunda vuelta con los dos ganadores. De esa manera las minorías se respetarían (¡faltaría más!), pero no nos gobernarían, que es lo que ocurre ahora.
Delegados territoriales autonómicos
El Gobierno central de turno nombraría un delegado territorial autonómico que es el que llevaría cada comunidad autónoma y en cada provincia habría delegados provinciales en cada materia: sanidad, educación, agricultura, turismo, deportes, etc, etc. La famosa Administración única eliminaría todo tipo de cargos y coches oficiales, tanto director, que hubiesen evitado el recorte salarial a funcionarios o la congelación de las pensiones (cosa que aún está pendiente de su constitucionalidad o no).
Los portugueses siempre se nos adelantaron: En 1974, de forma pacífica y un año antes (el 14 de abril) se democratizaron con las fuerzas militares al frente (la bautizada como Revolución de Los claveles). Cuando hacíamos tanto ruido nosotros y nos peleábamos por ver quién era el político que firmaba la adhesión a la Unión Europea, ellos, los portugueses, entraban en Europa sin tanta bulla. Y ahora, ¡qué listos!, ponen peaje a las autovías para su sostenibilidad. ¡Qué ejemplo!, sí señor. Lo normal sería que aquí nos costase un céntimo por kilómetro de autovía-autopista usado. Eso haría por ejemplo que de Pontevedra a Madrid nos saliese el viaje, si hay aproximadamente 550 kilómetros, por un total de 5,50 euros y no como ahora, que hay que pagar alrededor de once euros por el paso del túnel del Guadarrama. No es normal que de Ourense a Lalín no se pague nada y de Lalín a Santiago sí. El total de Ourense a Santiago pagando a céntimo el kilómetro sería de un euro.
Por favor, no dividan las regiones de nuestro país con fronteras ni idiomas ni aguas territoriales. Dejen de repartir el Estado como si de un pastel se tratase. Conserven las tradiciones, las lenguas territoriales, las costumbres, pero dejen de repartir lo poco que hay ahora. Imaginen si estamos así, con esta merienda de negros, como estaríamos si también fuesen transferidos los ejércitos a cada autonomía. Entonces, estaríamos aquí como en la antigua Yugoslavia.
En sanidad, no vale el «gratis total», eso lo saben todos. Sí vale la asistencia básica pero no lo que ocurre normalmente que es la petición de todo tipo de pruebas en asistencia primaria, en urgencias, en ingresos hospitalarios. Sean valientes, que todos estamos de acuerdo. Lo normal es que todo el mundo pague algo por medicamentos, por pruebas complementarias, por asistencias médicas no justificadas. Controlar más las bajas laborales y las que no se justifiquen en su duración, penalizarlas. Lo mismo que si el Estado construyera vías para el ferrocarril y después no pagásemos por ir en tren. Eso no sería normal, ¿no?.
Cambiar la cultura subvencionista
Cambiar la cultura que existe, subvencionista, por una cultura de trabajo, de quien no cotiza no cobra y punto, quien no trabaja no cobra y punto, quien no se desplaza de ciudad para trabajar, no trabaja y punto, quien se queda en casa no cobra y punto. Capitalicen las pensiones de tal manera que el que quiera tener una jubilación superior, cotice más. Eliminen el dinero fácil, el pago sin trabajar y que se jubile voluntariamente el que quiera a partir de una edad y dependiendo del tipo de trabajo.
Es preferible que todo el mundo trabaje aunque sea por menos dinero que quedarse sin perspectivas. Que los establecimientos abran cuando quieran, incluyendo sábados y domingos, para que país se mueva. No nos quejemos que los estados americanos o asiáticos progresan mientras paseamos los domingos. Es la hora de ponerse las pilas y de trabajar. Olvidemos por un momento que solo tenemos derechos y ninguna obligación José Ramón Arias, médico de Lalín.