El ingenio de José Luis Basanta y del arquitecto pontevedrés Enrique Pérez Ardá hicieron posible el reloj de sol del tejado del centro social de Donramiro, en Lalín
31 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.José Luis Basanta es un enamorado de los relojes de sol. Fruto de esa pasión fue la publicación de un libro, editado por la Fundación Barrié de la Maza en 1986 y más tarde actualizado, y en el que este vecino de Pontevedra, nacido en Lugo en 1924, recogía datos los relojes de sol existentes en Galicia. No hace mucho un arquitecto pontevedrés, encargado de la construcción de un centro social en Donramiro, en Lalín, se ponía en contacto con Basanta para pedir consejo.
A la hora de hacer el proyecto el arquitecto se encontró con la necesidad de que una de las paredes del futuro edificio no podía llevar ningún tipo de ventanas ni de luces porque daba a la parte de atrás del campo de fútbol. Al arquitecto se le ocurrió que se podrían colocar en ella, dado su gran tamaño, varios relojes de sol. Al final la pared se convirtió en tejado y se optó por buscar el único tipo de reloj horizontal existente. Un modelo de reloj de sol polar que está pintado en un tejado de 30 x 10 metros y que alberga el que para Basanta es posiblemente uno de los relojes de sol más grandes de Europa. Sus dimensiones son de veinte metros de largo por diez de alto.
Eso sin contar con algunos espacios que en realidad son relojes de sol como es el caso de la Praza de San Pedro, en el Vaticano en la que el obelisco es el que sería el encargado de marcar las horas sobre el suelo.
En el caso de Lalín para que se pudiera construir el reloj de sol en el tejado del centro social de Donramiro tuvieron que darse una serie de circunstancias. José Luis Basanta Campos cuenta que los relojes de sol son, sobre todo verticales, aunque existe algún tipo muy horizontal, tipo mariposa, como es este caso.
Basanta creyó muy interesante que fuese precisamente Lalín, cuna del astrónomo y precursor de la astronomía en Galicia, Ramón María Aller, el que acogiese este inmenso reloj de sol, que José Luis Basanta quiere dedicar a Ramón María Aller con el que coincidí en mis años de Santiago, aunque no me llegó a dar clases», dice. Para construir el reloj hubo que ir afinando datos. Basanta cuenta que «primero se planteó que la inclinación del tejado fuese a 45 grados, pero variándola un poco y dejándola en 42,5 grados, tenemos la latitud de Lalín.
La varilla tiene tres metros de alto. Basanta Campos cuenta que además la orientación del reloj era casi perfecta y servía para el fin que se proponían.
Para poder hacer los cálculos y tener todo medido y milimetrado, Basanta explica que construyó una maqueta de un metro que tiene en su casa y en la que va probando como funciona el reloj y que los parámetros realizados son los correctos. Basanta apunta que «el reloj empieza a marcar las horas a las siete de la mañana y lo hace hasta más o menos las cinco de la tarde». Este estudioso aclara que «la hora que marca un reloj de sol no es la misma que puede tener uno en la muñeca porque el sol va caminando y en el de la muñeca la hora que nos marca es siempre la que fija el paso por el meridiano cero». En el caso del reloj de Lalín, dada su situación, apunta Basanta «va unos 35 minutos adelantado, cuando son las doce marca las dice y treinta y cinco».
Basanta fotografía su maqueta todos los meses y va comprobando los cálculos. Para él la construcción del reloj «está muy bien». Comenta que «ese enorme tejado lo fueron haciendo a trozos con unas plancha enormes de aluminio, tipo sándwich rellenas de lana de vidrio y las líneas de colores del tejado que lleva el reloj son unas pegatinas que son como las que llevan los aviones, muy resistentes».
El reloj se puede ver perfectamente desde el campo de fútbol. De hecho en alguno de los últimos partidos el juez de línea iba echando vistazos al reloj cada poco tiempo para ir comprobando el paso del tiempo.
Basanta tiene ahora prevista en breve una visita a la capital dezana. Tendrá que ser un día soleado para poder ver su reloj en funcionamiento y aprovechará para visitar la casa natal de Ramón María Aller y su observatorio». El centro social de Donramiro tuvo un presupuesto de 449.999 euros. Su construcción fue adjudicada por el Concello de Lalín, que lo incluyó en el plan E, a la empresa lalinense Construcciones Framiñán.