Once niños saharauis que pasaron el verano en A Estrada regresan con sus familias a los campamentos de Tinduf
28 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Ayer los niños saharauis que pasaron los meses de julio y agosto en A Estrada tuvieron su despedida en el concello. En el acto estuvo presente Juan Soutelo, encargado de Solidariedade galega co pobo saharaui en la zona, que agradeció a las familias y al concello hacer posible que los jóvenes vienieran aquí. También Sanmartín y Ana Asorei alabaron la generosidad de las familias, y al finalizar el acto le hicieron entrega de unos obsequios a los niños, como una mochila o un neceser con utensilios de aseo.
Ahora estos chavales tendrán que volver a los campamentos de Tinduf, situados en el Sáhara Occidental en Argelia, una zona de contrastes con Galicia.
Para alguno de estos niños no es su primera experiencia, por lo que ya no se sorprenden tanto de las diferencias existentes entre su país de origen y España.
Pero para los recién llegados este es un mundo que no imaginaban y en el que todos los días descubren algo nuevo. Un claro ejemplo es que para subir al tercer piso del concello usaron el ascensor, cosa que les hacía mucha ilusión ya que para ellos usar este aparato no es una práctica habitual.
Alfonso Sanmartín es uno de los estradenses que acogió a una niña saharaui, que además repite por tercer año. Al llevar tres años viniendo a A Estrada, ya empieza a estar acostumbrada a las costumbres y a todos los servicios y comodidades de los que disponemos, pero aún así sigue sorprendiéndose. Alfonso Sanmartín declaraba: «Le llama la atención todo lo que ve».
Otra familia que también recibe con los brazos abiertos a estos niños es la de Pelayo Bergueiro, director de la agencia de viajes Sampaio. En esta ocasión tiene dos niñas. Muna y su hermana mayor Zuma, que son dos de las afortunadas que han podido disfrutar del verano gallego. Estas niñas también se han quedado perplejas con muchas cosas que se han encontrado. El interruptor de la luz y los grifos son nuevos para ellas, y los primeros días se pasaban mucho tiempo activando los interruptores de la luz de la casa y abriendo los grifos para ver cómo con un simple gesto aparecían luz y agua.
Nuevas experiencias
La familia también llevó a sus nuevos miembros de excursión. En una de ellas fueron a la Isla de Ons. Nunca antes habían montado en barco, y cuando volvieron a casa decían tener el corazón muy acelerado a causa de la emoción y el miedo al montar en él por primera vez.
Todas las familias dicen sentirse satisfechas con la experiencia, y aseguran que la seguirán repitiendo.