RASTRO DE AIRE | O |
20 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.«RECUERDO LA pobreza y, ahora, echo en falta la inteligencia». Mi amigo, acodado en un bar con una cerveza en la mano y la melancolía saliéndole por los ojos, miraba hacia la calle de una villa de la zona donde la fanfarria carnavalesca aturullaba sin ton ni son. Pedí explicaciones y se sorprendió de que mis canas no diesen para traducir sus palabras. Empezó a ceder según crecía su melancolía. «Con carbón de cocina o lareira y farrapos viejos sobraba para ir de máscaras, mira y dime que ves...». Me puse serio. Le trasladé que el mundo cambió, que para que va a fastidiar tu cara con carbón si hay pinturas, por qué no vas a poner una crema protectora para poner de base y proteger la piel... y además ya casi no hay lareiras y casi tampoco fogones que se alimenten de leña. «Claro, por eso recuerdo la pobreza», me fulminó. Empecé a entender más, ahora somos ricos pero no inteligentes, argumenté. Pero ya no paraba de soltar melancolía por los ojos y palabras por la boca. «Nos lo dan todo hecho, la careta, el disfraz, los complementos, para uno o para grupo, como tenemos pasta para que pensar. No hay máscaras, hay carnaval», dijo y siguió soltando melancolía.