SIN SODA | O |
06 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LA JUSTICIA es ciega. Eso dicen, aunque a veces dé la impresión de que la ceguera es selectiva. La enfermedad debería impedir la distinción de nombres y apellidos, pero en ocasiones parece que deja entrever precisamente estos datos e impide en cambio la visión imparcial del delito. Suele suceder con los grandes pleitos, con los escándalos y trapicheos de los peces gordos que ocupan durante meses las portadas de periódicos y revistas. A Estrada escapa a estas cuestiones, pero no queda libre de los vaivenes de la justicia. Para los profanos, las leyes son igual que jeroglíficos. Siempre esconden trampas y secretos inaccesibles. Quizás por eso algunos estradenses no han entendido del todo la decisión del juzgado de decretar el ingreso en prisión sin fianza del conductor que el martes atropelló y causó la muerte a un guardia civil. Nadie cree que esté bien ponerse al volante bajo los efectos del alcohol ni pilotar de forma temeraria poniendo en peligro vidas ajenas. Sin embargo algunos aún recuerdan un atropello con muerte en Vea en el que el conductor se dio a la fuga. Cuando fue localizado, quedó en libertad bajo fianza tras prestar declaración. Si el detenido el martes se hubiese fugado no daría positivo en el control de alcoholemia. ¿Debería haberlo hecho para evitar la prisión sin fianza? Se supone que no, pero los laberintos judiciales son imprevisibles.