En directo | Dozón, a cinco minutos de Lalín El recorrido por autopista suaviza las empinadas cuestas de la carretera nacional y permite evitar puntos negros con numerosos accidentes, como el Pozo Negro
03 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?na de la tarde. Me incorporo a la autopista AP-53 en Lalín 2000; por vez primera, la salida a Botos no es la última: avanzo hacia Catasós, estrenando asfalto. Delante, un camión de Chocolates Chaparro, con matrícula de Ourense. Circulo sobre el viaducto Deza-2, que en el fondo verde que colorea el tramo -más allá de la obra nueva, seca, tajante en piedra- permite descubrir la vía del tren. Las dos infraestructuras que marcan los últimos años en la vida de Deza: la autopista que ha llegado y el tren que vendrá. En un suspiro, llego al kilómetro 55: la autopista pica hacia arriba, pero sin tercer carril. Es poco más de un kilómetro y medio, hasta desembocar en la N-525. Estoy a 38 kilómetros de Ourense, cerca del polígono unindustrial de Dozón, y han pasado poco más de cinco minutos. El Alto de Santo Domingo ya no lo es. Y sin pagar peaje: evité Silleda-Lalín. Me acerco a la gasolinera de Dozón; el primer oasis de combustible para los vehículos que llegan de Santiago por la AP-53: un buen negocio hasta que la segunda fase de la autopista se ponga en marcha. No tarda en parar un coche: José Almansa viaja de Santiago a su casa en Ourense. El nuevo tramo «non está nada mal», pero reconoce que el peaje sale caro: «A este prezo non se pode usar a diario, só para cousas de urxencia». Minutos más tarde, el compostelano José María Bielsa para a repostar. Viene de Santiago, desde donde suele viajar por autopista a Vigo o A Coruña, y va camino a Ourense: no ve el peaje abusivo, pero es que él llega a Dozón. «Cuando he visto sólo un peaje, ya pensaba yo en el enfado de Lalín», admite. Considera muy bueno el nuevo tramo, pero pone un defecto a la AP-53: «Supongo que será por las dificultades orográficas, pero el coche nota las pendientes que tiene esta autopista».