En busca de la medida exacta

DEZA

AL FILO | O |

10 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A LOS HUMANOS siempre nos han fascinado las cifras. Saber qué distancia existe entre Tecucigalpa y Tomelloso, cuántos kilómetros separan nos separan de Australia, cuál es el centro de Galicia o cuántos kilos de hielo hay en la Antártida. Lo malo es que unas veces los cálculos son fáciles y otras, imposibles de realizar. Los peregrinos que van a hacer el Camiño do Inverno, o Camiño do Sur, como se le llamaba hasta ahora, no lo tienen excesivamente complicado. Cada municipio tiene diseñado su tramo. Si es así, dirán ustedes, no hace falta andar, sino sumar cada uno de ellos. Y listo. Pero no, al igual que le pasó a Santo Tomás, los peregrinos quieren verlo con sus propios ojos, porque una cosa son los mapas y otra echarse a andar. Y es que la geografía no es una ciencia exacta. Si no que se lo digan a los de Rodeiro, Melide o Chantada que compiten con Lalín en tener el honor de ser el centro de Galicia, por mucho que en la capital de Deza la señalización del lugar esté avalada -dicen- por el matemático Rodríguez. La fascinación por los números nos alcanza a todos. A veces los que nos vuelven locos cada semana sólo son seis: los números de la Primitiva o los catorce de una quiniela. Otros prefieren el 1 que te pone en el podium de los ganadores o sólo son felices escuchando a El último de la fila. Los hay que viven huyendo del 13, buscando terminaciones en 7 o empiezan su programa de televisión contando los que llevan como cuentas de un rosario catódico. Números para hacer cuentas, para calcular la hipoteca, las vacaciones de los niños y el modelito de primavera. Pero ¿en qué se mide la felicidad, el cariño, la risa?.