EL CRISOL | O |
28 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO llegué a A Estrada, a principios del 92, Campos, Coto y Uzal eran como tres mosqueteros rebeldes que pinchaban al cardenal Richelieu -disfrazado de mujer- en el trasero para que dejase tranquila a la reina. Logrado el objetivo, volvieron al cuartel popular. Coto se hizo querer después por todos, pero nos dejó sorpresivamente, y se iría, seguro, al cielo. A Campos lo tenemos aún en lo que le gusta, la política local y el mando. Y a Uzal hay casi que despedirlo de la política activa, aunque seguirá unos años más de concejal, ya libre de la dura carga que suponía la responsabilidad en materia de urbanismo. Uzal comenta que tuvo con el urbanismo municipal casi una dedicación exclusiva. No alude a sus logros y trabajo, pero reconoce que, con el PXOM, suspendió en junio y también en septiembre. Es una pena que, tras doce años luchando y cuando ahora parece existir un proyecto válido de plan general de urbanismo -que puede ser aprobado en dos o tres meses- la resistencia de Uzal se venga abajo. El ya ex delegado local de urbanismo estaba cansado y aburrido del puesto, y también quemado. Quizá cargó con el trabajo más duro y desagradecido, y quedó a la sombra cuando llegaban los mejores momentos, los más reconfortantes y quizá también los más comprometidos, como podrían ser los de abrir, o cerrar, negociaciones y contactos en ciertos asuntos. La comisión de Urbanismo decidió hace meses, por unanimidad, ampliar los jardines con toda la superficie de la familia Campos Paseiro. Se imponía un contacto muy preciso y serio con la familia, o una recalificación sorpresiva de los terrenos. Alfonso Uzal nada tiene que ver con que no se hiciera ninguna de las dos cosas.