Así cayó Dani Alves en la trampa de los Mossos para que volviera a España

Melchor Sáiz-Pardo AGENCIAS / COLPISA

DEPORTES

Dani Alves en el Mundial de Catar, durante el partido entre Brasil y Camerún
Dani Alves en el Mundial de Catar, durante el partido entre Brasil y Camerún Abedin Taherkenareh | EFE

La policía autonómica propuso un encuentro a su abogada y al jugador para «aclarar» la denuncia por «supuestos tocamientos». Ellos picaron el anzuelo

01 feb 2023 . Actualizado a las 10:47 h.

Noche del lunes 2 de enero en las oficinas de la Unitat Central d'Agressions Sexuals de los Mossos d' Esquadra en el barrio de Les Corts de Barcelona. Varios agentes, la mayoría mujeres de reconocida trayectoria policial, empezaron a tejer un plan para tratar de meter entre rejas a un icono del fútbol, Dani Alves.

Los uniformados catalanes sabían que se jugaban su reputación y su carrera. Jugaban con fuego. Pero nadie se echó atrás. Solo minutos antes habían escuchado el relato «consistente, pormenorizado y sin fisuras» de una chica que aseguraba que había sido violada y golpeada por Dani Alves en un baño de una discoteca de la ciudad condal la noche del 30 de diciembre a apenas un kilómetro y medio Diagonal arriba de esa comisaría.

En la primera semana del año el convencimiento de que la chica no mentía se fue afianzando. Las cámaras de la sala Sutton confirmaban cada uno de los extremos de la declaración de la víctima. Y, lo más importante, todos los testigos que pasaron esos días por la comisaría ratificaron al 100% su versión. La presunta víctima, además de entregar el vestido de aquel día para la extracción de pruebas, había sido capaz de describir de manera prolija los tatuajes que su agresor lucía en la ingle.

Su prima y su amiga, las dos chicas que le acompañaban aquella noche, insistieron en la actitud de agresividad sexual del jugador desde el primer instante, hasta el punto de que la amiga denunció que Alves intentó en varias ocasiones tocarle en la entrepierna. El camarero confirmó ante la policía la insistencia del futbolista por invitar a las chicas. El portero del Sutton, el encargado de la sala, el dueño de la discoteca...Ni una contradicción en los relatos.

En la semana de Reyes, todavía en plenas vacaciones y con buena parte de la jefatura del cuerpo fuera de servicio, había que tomar una decisión. La comisaría bullía. Tras algunos contactos informales con la Fiscalía, dos de los mandos de la unidad de élite de Mossos anti-violaciones decidieron que la (des) información tenía que empezar a fluir de inmediato para que la trampa tuviera efecto.

El pájaro ya había volado (Alves ya había regresado a México) y ahora se trataba de que volviera a la jaula «por las buenas». «Por las malas» iba a ser «totalmente imposible», según fuentes muy cercanas al operativo.

Los datos que iban a filtrarse (nada de comunicados con membrete) solo iban a ser los que a la policía le interesaban: sí, era cierto, había una denuncia contra Dani Alves por unos supuestos tocamientos por debajo de la falda a una chica, pero nada más. La consigna era dar a entender que era «más de lo mismo» y que los Mossos prácticamente despreciaban la declaración de esa chica de 23 años que aseguraba que el astro había abusado de ella.

Los bulos jugaron a favor de la arriesgadísima apuesta de los Mossos. Al poco de conocerse la denuncia (y sin que mediara intervención de la policía) en varias redes y supuestos portales de información comenzó a difundirse la patraña de que las cámaras de seguridad confirmaban que Alves y la chica apenas habían coincidido en el baño de la discoteca 47 segundos, un margen temporal que minimizaba todavía más denuncia. No había hecho falta ni siquiera la intervención policial. Las fakes habían hecho todo el trabajo. En ese ambiente, el 5 de enero, el propio Alves, en un vídeo remitido a Antena 3 lo desmentía todo: ni había coincidido con la mujer ni la conocía. Nada de nada.

Con este olor a caso cerrado que los mossos deseaban, vieron una «oportunidad remota» de detener a Alves. Pero el brasileño tenía que volver a España.

El lunes 9 de enero, todavía sin haber digerido los polvorones, en el cuartel general de la policía catalana «se toparon con el marrón» (sic). En la sede central de los Mossos d'Esquadra en Sabadell vieron claro que la vía de la extradición o la entrega nunca iba a prosperar. Si Alves seguía en México, habría dificultades. Si se marchaba a su Brasil natal, la situación sería peor. El artículo 5 de la Constitución Federal blinda a cualquier nacional, no naturalizado, a no ser entregado a un tercer país, aunque se hayan cerrado acuerdos de extradición.

Solo regresando voluntariamente tendrían una oportunidad de detenerle. Una desgracia jugó a favor de los investigadores. El 13 de enero la madre de la mujer de Alves, la tinerfeña Joana Sanz, María del Carmen Sanz, falleció.

El futbolista anunció su intención de volver a España para las honras fúnebres de su suegra. Y ahí intervinieron los agentes. Los Mossos se pusieron en contacto con la que hasta ahora era la representante legal única del deportista en España, la letrada Miraida Puente Wilson, que se presenta como «especialista en extranjería, tramites de visados, altos directivos, inversores, y estudiantes», pero que no es experta en el ámbito penal.

«Supuestos tocamientos»

La oferta de los Mossos era poco más que una suerte de reunión aclaratoria aprovechando la vuelta de Alves para el funeral. Solo se trataba de explicarse por la denuncia por «supuestos tocamientos». Una reunión informal -dieron a entender- para dar carpetazo al caso.

Al principio Puente se mostró reacia. Pero ambos -según fuentes de la investigación- acabaron por aceptar el encuentro cuando los Mossos insistieron en que si el jugador no se presentaba a la cita poco menos que iba a abocar al Juzgado de Instrucción 15 de Barcelona a dictar una orden internacional de busca y captura, con el consiguiente escándalo mundial y, además, poniendo todo tipo de trabas a los movimientos internacionales del jugador.

Al final, Alves viajó para asistir a las exequias de su suegra y concedió entrevistarse con los Mossos. Desde que puso un pie en Barcelona, le siguieron el rastro. Pero no hubo charla. El pasado viernes por la mañana en cuanto los agentes visualmente confirmaron que quien acompañaba a la abogada a la cita era el deportista lo detuvieron, le leyeron sus derechos y le llevaron a los calabozos judiciales. Querían que directamente la Fiscalía y la jueza Anna Marín vieran por si mismas las incongruencias del relato del jugador.

Hasta tres versiones diferentes

Y eso también les salió bien a los Mossos. Alves dio en sede judicial hasta tres versiones diferentes de lo ocurrido: desde no conocer a la chica de nada, pasando por una breve coincidencia temporal en el baño, para acabar con la del sexo consentido. Evidentemente, no se había preparado con su letrada lo más mínimo una declaración. Ni en su cabeza ni en la de su abogada jamás pasó la idea de acabar acusado ni, mucho menos, detenido.

Este martes Miraida Puente, con la que la familia de Alves se había mostrado muy descontenta, anunció que el prestigioso penalista Cristóbal Martell (abogado de la familia Pujol, de Messi o de Neymar) se unía para «reforzar» la defensa del futbolista. Con Martell enfrente, confiesan fuentes cercanas al caso, la jugada probablemente no les hubiera salido bien a los Mossos.

La defensa de Dani Alves aduce que los vídeos «desmienten de forma radical» la versión de la víctima

La defensa de Dani Alves aduce que los vídeos «desmienten de forma radical» la versión de la víctima

La Voz

La defensa del exfutbolista brasileño del Barcelona Dani Alves aduce ante la Audiencia de Barcelona que los vídeos de la discoteca «desmienten de forma radical» la versión de la víctima porque no la muestran bajo un clima de «terror, pavor o dominación», y sostiene que su relato puede ser una «distorsión narrativa».

En el recurso que ha presentado ante la Audiencia para pedir que lo deje en libertad provisional, al que ha tenido acceso Efe, Alves se ofrece a entregar su pasaporte, llevar una pulsera telemática para mantenerse alejado de la víctima, pagar la fianza que sea necesaria y comparecer, incluso diariamente, en el juzgado.

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