El Real Madrid toca fondo

Los blancos llegan al clásico con todas las alarmas disparadas tras dos derrotas consecutivas que han dejado a Zidane en la cuerda floja por la pésima imagen de su equipo


El Real Madrid toca fondo en vísperas del clásico. Las derrotas frente al Cádiz y el Shakhtar Donetsk han disparado todas las alarmas en Valdebebas, otorgando al duelo contra el Barça del sábado un carácter trascendental. La situación es límite y el crédito de Zinedine Zidane, ganado a golpe de títulos, va minando. Hasta el punto de que afloran ya nombres de posibles recambios en caso de que el marsellés no logre revertir la situación y el Barça abra en canal a los blancos, con Raúl González y Mauricio Pochettino como los mejor colocados en las quinielas.

Reinaba un ambiente sombrío en el estadio Alfredo Di Stéfano cuando el serbio Srdjan Jovanovic decretó el final del choque con el que el Real Madrid abrió su quincuagésimo primera participación en la máxima competición continental. No era para menos. Por primera vez, los blancos no lograban ganar como locales en la jornada inicial de la fase de grupos de la Champions, tras una actuación nefasta que les llevó a encajar la mayor goleada de su historia en una primera parte de su torneo predilecto. Nadie ha levantado la orejona tras sucumbir en su estreno bajo el actual formato. Otro golpe más a la moral de un equipo que solo ha ganado uno de sus siete últimos envites como anfitrión en la otrora denominada Copa de Europa (el 6-0 al Galatasaray del pasado curso) y que no encadenaba tres derrotas consecutivas en la competición desde comienzos de los ochenta, con Vujadin Boskov en el banquillo.

Han pasado apenas tres meses desde que el Real Madrid celebrase sobre ese mismo rectángulo de juego el título de Liga, pero hoy luce una faz muy distinta. El equipo solidario que hizo del esfuerzo mancomunado su razón de ser en tiempos de anemia ofensiva ha dado paso a un bloque lánguido en el que no hay rastro de la solidez defensiva pero que sigue exhibiendo la misma falta de colmillo que arrastra desde la marcha de Cristiano Ronaldo. Ha perdido el vigor con el que regresó del parón por la pandemia y se ha vuelto vulnerable ante cualquier rival, incluso frente a uno tan diezmado como ese Shakhtar que aterrizó con ocho bajas por el covid-19 pero que voló sobre el tapete aprovechando la carencia de barreras.

Claves del desmoronamiento

Zidane se culpabilizó del esperpento. «Yo soy el responsable», dijo el marsellés, que atraviesa uno de los momentos más delicados desde que agarró el timón. En el debe del preparador cabe anotar los continuos virajes en las alineaciones, que desnortan a sus futbolistas. Impelido por su deseo de implicar a todos en el propósito común, pierde de vista que algunos se bajaron del tren hace tiempo.

Es el caso de Jovic, una de las inversiones más ruinosas que se recuerdan. El serbio desperdició la enésima oportunidad de redención que le concedió el técnico con otra actuación anodina. También de Marcelo, al que el físico ya no le aguanta para ser titular. Fue uno de los puntales del lustro dorado en Europa, pero ahora juega de prestado. Lo mismo podría decirse de Isco, llamado a ser un futbolista diferencial pero que se ha acomodado en el vagón de cola. Zidane se siente en deuda con ellos porque le hicieron tocar el cielo, pero podrían llevarle al infierno si no atiende a la meritocracia.

A base de empuje se está ganando un hueco Vinicius, líder con tres tantos de la tabla de artilleros del Real Madrid en lo que va de campaña. El carioca está aprovechando el vacío de poder por la lesión de Hazard para dar un paso al frente, algo que no están haciendo otros jóvenes valores como Rodrygo o Asensio. Al paulista le falta descaro y al balear, confianza tras su larguísima lesión. Pero una mejoría de sus prestaciones es imprescindible para un equipo en el que Benzema no ha arrancado a la altura de las dos últimas temporadas y que echa de menos la existencia de auténticos líderes más allá de Sergio Ramos.

No es baladí que el Real Madrid haya perdido siete de los ocho últimos partidos de Champions que ha disputado sin el camero. Sin su cacique, que sigue siendo duda para el clásico, los blancos son un flan en defensa. Militao sigue verde y a Varane le abruman los galones cuando tiene que ejercer de jefe de la zaga.

Pese a todo, Zidane se siente capaz de enderezar el rumbo. «Tenemos que encontrar la solución y la vamos a encontrar», dijo tras la debacle contra el Shakhtar. Ya superó hace un año una situación extrema tras la derrota en Son Moix que le abocó a un duelo a vida o muerte en Estambul, mientras José Mourinho aguardaba la llamada de Florentino Pérez. Ahora podrían ser Pochettino o Raúl los requeridos. Pero el clásico también podría dar vida extra al marsellés.

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