El fondo estaba en El Alcoraz

El encuentro del pasado agosto en Huesca deparó la primera derrota del Dépor esta temporada y desnudó los problemas que acabaron hundiendo al equipo


Cuando cierran los ojos, algunos todavía ven El Alcoraz. «A día de hoy, aún seguimos hablando de ese partido», admitía ayer Borja Valle, dentro de la reseña breve acerca de aquella dolorosa experiencia: «Fue un desastre, nos vimos desbordados por todos lados». Tal fue el baño que el berciano, bregado en un Dépor que sale a un par de peores encuentros de su historia cada temporada, tiene la cita como «una de las veces que más impotencia he sentido en un campo de fútbol». Sorprendente rotundidad cuando pocas semanas más tarde todavía se sumarían al registro de infaustos los viajes al Montilivi o al Estadio de Gran Canaria. Pero Valle se queda con Huesca y los detalles explican el porqué. También otras palabras rescatadas del pasado; estas, de Juan Antonio Anquela, con la dura derrota aún de cuerpo presente: «Estamos muy lejos de lo que queremos ser».

Nada extraño si se atiende a que la campaña aún circulaba por su segunda jornada, y que además el conjunto blanquiazul contaba con el atenuante de un estreno victorioso, hilado a otro trofeo Teresa Herrera que añadir a la vitrina. Sin embargo, el entrenador ya atisbó la oscuridad que vendría. Más de lo mismo hasta acabar con él y su sucesor. «Tenemos un problema, nos meten muchos goles», denunció. Tres hicieron los aragoneses. Dos, en la primera mitad. Todos propiciados por errores impropios de la categoría que se siguieron produciendo con excesiva asiduidad.

Gaku pifió un despeje y anotó Eugeni; perdió un duelo y goleó Raba. Se despistaron los mediocentros en la marca, y Pulido cerró la cuenta local. Los coruñeses descontaron en su único disparo a puerta; otra seña de identidad duradera, la de la falta de productividad con balón. Hasta que el adversario se relajó, el equipo visitante no logró ganar metros con fluidez y el acierto en el pase se mantuvo en cuotas inferiores al 70 %.

Un aperitivo del Dépor que se vio hasta mediados de diciembre, que no volvió a oler una victoria desde que pisó El Alcoraz, y cuya imagen revivió en momentos puntuales ya cruzado el 2019, como en el desplazamiento a Almería. Distinto al que encadenó los siete triunfos ligueros, incluyendo el que cerró la etapa de Luis César. Fernando Vázquez alteró por completo el aspecto y los registros del grupo.

La cadena de triunfos se construyó sobre una base de solidez, encajando en diez horas y media tantos goles como en los 53 minutos que Valle querría olvidar. Llego a encadenar el de Castrofeito dos logros que parecían imposibles: abandonar las plazas de descenso y perder la condición de conjunto más batido (el Dépor llegó a serlo a nivel continental). Ambos hitos han revivido tras un parón que permitió al míster rescatar la mejor versión blanquiazul de este curso, concentrada en lo que se vio hace solo tres días en el Heliodoro.

Si los recuerdos más antiguos aventuran una debacle mañana en Riazor, los más próximos permiten augurar que los de casa podrán plantar cara y tratar al menos de devolverle la afrenta al Huesca. Lo harían también en representación de varios compañeros que no estarán. Pedro Sánchez prestó en aquel viaje a Aragón su último servicio al Deportivo. Koné lo hizo hace tres días, aunque ni siquiera llegara a saltar al césped frente al Tenerife. Longo y Lambro se perdieron en enero, y Somma asistirá desde el palco a la posible revancha, recién retornado de Italia para renovar sus votos y completar su recuperación. Valle no será ya extremo, sino mediocentro y de la medular se caerá Bergantiños, que ha dado un paso atrás. Los dos futbolistas con más solera representan la versión más reciente. Completamente opuesta a aquella del Alcoraz.

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