Feliz Nadal... y próspero año

Dos Grand Slams, dos Masters 1.000, la Copa Davis y el número uno, convierten el 2019 en una de los mejores años de la carrera del balear, que además contrajo matrimonio


Colpisa

A Rafael Nadal le está ocurriendo como al buen vino. Según pasa el tiempo, mejor jugador se ha vuelto. No son palabras vacías. El español ha tenido que mejorar como jugador para poder, con 33 años, completar una de las más brillantes temporadas de su carrera, si no la mejor. La Copa Davis conquistada en la Caja Mágica el pasado mes de noviembre fue la guinda al pastel que supone la temporada 2019 para Rafael Nadal.

A lo largo del año, Nadal ha levantado dos Grand Slams (Roland Garros y US Open), dos Masters 1.000 (Roma y Canadá) y la Copa Davis, además de haber finalizado el curso como número uno. Y ha rematado el magnífico ejercicio con la victoria de este fin de semana en el torneo de exhibición de Abu Dabi, una cuestión más crematística que de prestigio.

Un botín increíble teniendo en cuenta los meses perdidos por las lesiones y el mazazo que supuso lo ocurrido en Australia, cuando un inconmensurable Novak Djokovic le apartó del que hubiese sido su segundo título en Melbourne. Aquella final, cedida sin paliativos, fue un mal presagio para los siguientes meses del balear. Su única derrota antes de las semifinales en todo el año llegó contra el irascible Nick Kyrgios en Acapulco apenas unos días después. Le siguió una retirada en Indian Wells y la baja en Miami. La rodilla derecha le atormentaba y le impedía jugar en condiciones la gira de cemento americana, pero lo peor estaría por llegar.

Barcelona, una pesadilla

Montecarlo, otrora fortaleza inexpugnable de Nadal, se perdió, como también ocurrió con Barcelona. En ambos lugares acumulaba tres títulos seguidos y aspiraba a ganar el duodécimo en total, pero el tenista tocó fondo. Algo reconocido por él mismo. «Fue difícil porque mentalmente no lo estaba disfrutando. Una opción era parar y recuperarme. La otra cambiar drásticamente mi actitud y mi mentalidad».

Y lo hizo. Barcelona supuso un punto de inflexión, aunque no encontrase solución en Madrid, pero sí en Roma, otra de las plazas preferidas del manacorense. El primer título llegó más tarde que nunca, puesto que jamás en su carrera había tenido que esperar hasta el Foro Itálico para morder un trofeo.

Roma dio la inyección de confianza suficiente para llegar a París y arrasar, la costumbre de cada año. Al duodécimo Roland Garros le siguió un Wimbledon que supone uno de los pocos momentos del año en el que la moneda cayó en cruz. Como en 2018, Nadal se quedó a las puertas de su sexta final en Wimbledon. Esta vez fue Roger Federer quien le batió, alejándole otra vez de poder pelear por su tercer Grande en la hierba londinense.

El éxito americano y las lesiones Canadá y el US Open llegaron de la mano. Once triunfos consecutivos que le coronaron sobre la pista dura y le dejaron con 35 Masters 1.000 (más que nadie en la historia) y a un solo grande de los 20 de Roger Federer. La diferencia más pequeña de siempre y cuya brecha amenaza con desaparecer en 2020.

Unos problemas en la muñeca y en el abdominal enturbiaron su final de año. Sin estar en plenituid ni en París-Bercy ni en el Torneo de Maestros, Nadal pudo en Londres subir al número uno debido a los traspiés de Djokovic, quien lo había retenido durante toda la temporada. Por quinta vez en su carrera, acabaría como mejor tenista del año, igualando los registro de Federer y Djokovic y quedándose a una vez del récord histórico de Pete Sampras. «Que esto haya ocurrido es algo completamente inesperado para mí», explicaba Nadal tras recoger el trofeo que le acreditaba como mejor jugador de la temporada.

Y aún le quedaría la última gran alegría del año. En la Caja Mágica, Nadal se convirtió en el gran artífice de la sexta ensaladera para España. Suyas fueron ocho victorias en el torneo, mejorando su registro hacia los 29 triunfos consecutivos en el individual. Su quinta Copa Davis, y la primera en el nuevo formato, redondearon el año, el primero en su vida en el que alcanza como mínimo las semifinales en los cuatro Grand Slam.

No igualó los tres 'major' de 2010, ni tampoco el récord de 11 entorchados de 2005 y su porcentaje de victorias (89%) no batió al de 2013 (91%), pero el español mostró una capacidad de reciclaje y mejora con su juego (especialmente con el saque y la volea) que espanta a los agoreros que auguraban una temprana retirada. Y todo ello, con su boda en Manacor de por medio.

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