Honda o el fracaso del «bushido»

La filosofía de honrar el trabajo para alcanzar la perfección, en la que no intentarlo o rendirse era la mayor de las vergüenzas


Colpisa

El camino del guerrero, más conocido como bushido, es la filosofía samurái por excelencia. En Japón, hasta bien entrado el siglo XIX, fue de obligado cumplimiento en todos los estamentos sociales. Todo se basaba en la idea de honrar el trabajo para alcanzar la perfección: no intentarlo o rendirse, era la mayor de las vergüenzas. Antes que ser deshonrado, era mejor morir.

Conforme pasaron los años, en Japón entendieron la idea de derrota útil, siempre que fuera para mejorar, y que rendirse, a veces, es el único camino posible. Pese a ello, la idea del bushido está tan arraigada en la idiosincrasia japonesa que solo entienden una manera de triunfar en la vida. No vale ir poniendo parches, sino que la perfección debe alcanzarse en todos los puntos del camino. Ahí es donde Honda ha fracasado.

La relación entre McLaren y Honda iba a ser el inicio de un nuevo imperio, iba a hacer reverdecer la época de los Senna y Prost. Nada más lejos de lo que en realidad pasó. Ahí es donde chocaron las dos filosofías. En McLaren entienden la competición como una continua evolución. Si algo falla, se arregla. En Honda, en cambio, se empeñan en volver al origen. Si el MGU-H falla, por ejemplo, es necesario volver a montarlo desde el inicio. Es lo que dice el bushido: el camino del guerrero empieza en su casa y acaba en el campo de batalla, y cualquier paso intermedio debe tender a lo sublime para que al final llegue la victoria. También Toyota sigue esa misma filosofía, y por eso se ha encargado de ir perfeccionando cada paso de su cadena de montaje hasta convertirse en ejemplo que otras marcas han copiado.

¿Es la ruptura de Honda y McLaren un fracaso para los japoneses? Sin duda. No porque el resultado no haya sido el soñado, sino porque en cada paso no se ha trabajado en busca de la perfección. Cada fallo que han cometido en la creación de sus monoplazas les ha ido sumiendo en una vorágine de fango de la que no han podido salir, mas que con una cuerda que les han echado desde la misma FIA.

Honda no es un fabricante cualquiera para la FIA. Así, tendieron un puente entre McLaren, Honda, Renault y Red Bull, para contentar a todas las partes. Los británicos se quitan de encima una rémora; los japoneses siguen en el gran circo; los franceses se asocian con una de las escuderías de más prestigio; y los austríacos estudian una nueva vía pensando en el gran cambio normativo previsto para 2018. Toro Rosso servirá de conejillo de Indias para Red Bull, y además dejará sin presión a los japoneses.

Honda arrancará en 2018 un nuevo camino, más largo de lo previsto y más seguro. Les dará tiempo a volver a equivocarse, a afianzar su idea e incluso a triunfar, si la suerte les acompaña.

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