De Bobby a Wayne


No hay que negar que el fútbol es hijo de Inglaterra. También es cierto que hace tiempo que ha decidido vivir fuera de casa de sus padres. No le ha ido mal por el mundo. Pero en la Premier queda ese algo inexplicable que es el calor del hogar, una calidez que permanezca aunque el termómetro se hunda bajo cero. En aquellos campos habita cierto romanticismo. En ese césped del Norte se han cultivado con esmero las leyendas. Las últimas cosechas no han sido muy buenas, por eso allí saborean con gusto sorbos del pasado. Cualquier excusa es buena. Como el hecho de que Wayne Rooney haya igualado el récord goleador de Bobby Charlton en el Manchester United. Sir Bobby Charlton. No es habitual unir la distinción de sir a un diminutivo. Él mismo contaba que Robert acabó siendo un eco de la infancia, el nombre que gritaban el domingo para que la orden de ir a la iglesia ganara solemnidad. A Charlton nunca le ha gustado caminar. «Corría, corría todo el tiempo». Tiene que ser ese virus del rugbi. Avanzar, ir ganando terreno. Celebrar el saque de banda si es un poquito más cerca de la portería que cuando empezó la jugada. Seguir adelante. Él sobrevivió al accidente aéreo de Múnich que enterró a una generación de jugadores del United que parecía llamada a la gloria. Pero consiguió ser el puente entre la tragedia y la resurrección del equipo. Fue el pilar sobre el que el Manchester levantó su mito partido sobre partido.

Bobby es un caballero que a menudo ha tenido que disculpar pecados de Wayne. El amigo Rooney es otra cosa. Sus pasiones y las que genera se antojan mucho más prosaicas. Tiene toda la pinta del hincha del tipo que parecía destinado al pub y a la grada, pero que, por designios del balón, acaba sobre el césped. En la Eurocopa del 2004, su abuela confesó que si el partido de Inglaterra contra Portugal coincidía con la hora del bingo, sintiéndolo mucho, tendría que perdérselo. El año pasado el futbolista se coló en la boda de un hotel y no precisamente para beber agua con gas. Por si había dudas, el momento fue debidamente documentado por los invitados.

Pero lo que ha unido el fútbol inglés que no lo separen las diferencias. Ahí están Bobby y Wayne.

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