El parkour arraiga en Galicia de la mano de grupos como Galizian Urban Project, que organiza desde mañana en el Náutico olívico el Vigo Street Stunts
10 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Es probable que la lluvia sea arte en Galicia. Tampoco se descarta que todo se tiña de arte en Galicia. Hasta el simple hecho de desplazarse de un lugar a otro. Los primeros que pensaron de ese modo fueron los franceses e inventaron el parkour, el arte del desplazamiento. Pero es en Galicia donde alcanza su máxima expresión.
El que quiera, tendrá oportunidad de comprobarlo mañana y el sábado (de once y media de la mañana hasta la una y media de la madrugada) en el Náutico de Vigo, donde el Vigo Street Stunts reunirá a los dieciséis mejores practicantes de parkour del mundo. El certamen, organizado por el grupo Galizian Urban Project pretende hacer de Galicia un referente mundial de la cultura urbana.
Sergio Elvira es un stunter. Un especialista callejero dedicado a las acrobacias y habilidades corporales. Pero también es un traceur, el que traza el camino. Es la doble vertiente sobre la que se proyecta este deporte. La estética y la efectiva. El parkour persigue desplazarse entre dos puntos de la forma más eficaz y rápida, utilizando las habilidades y el propio cuerpo con movimientos seguros y hábiles, pero de un modo totalmente libre.
«Apenas existen un par de normas, sobre todo referidas a la recepción contra el suelo para evitar lesiones, como evitar flexionar las rodillas más de 45 grados y siempre recepcionar con la punta de los pies, nunca con la planta completa», explica Sergio Elvira, de 22 años de edad y practicante de parkour desde hace ocho.
El arraigo de este deporte en Galicia es tal que Galizian Urban Project lleva tres años impartiendo clases en centros educativos como el Agra, Zalaeta, A Laracha y Mosteirón. Serán el futuro de una disciplina que nació en Francia y que lleva décadas practicándose. En España, Barcelona y el País Vasco son puntos clave en su desarrollo.
El arte de desplazarse sin que le detengan a uno el mobiliario urbano o los retos que propone la geografía callejera alberga, de vez en cuando, ciertas fechas de competición, pero carece enteramente de espíritu competitivo, según explica Sergio Elvira. «Cada uno va a su rollo, unos se centran en el físico, otros en la técnica, se entrena más como panda de amigos que como grupo organizado», explica. «Los jueces, puntúan, claro, el nivel de ejecución o el nivel de flow (moverse con naturalidad y fluidez, sin parecer trenco)», añade.
Saltar, avanzar, apoyarse, caerse, levantarse, de nuevo saltar y caer, incorporarse... un banco, una valla, unas escaleras, una pared... todo fluye. Es fundamental no detenerse en los gestos, que no haya pausa y todo sea fluido. Lo demás, es auténtico freestyle.
Y sí, hay carreras, las speed counter. Dos participantes buscando la meta y salvando ciertos pasos obligatorios. «Pero que no se llamen a engaño. El parkour lo puede practicar todo el mundo, no se necesita un físico especial, solo perseverar en el entrenamiento», dice Elvira.
«Yo me enganché en el cumpleaños de un amigo, saltando una valla. Luego me informé, vi muchos vídeos, me entrené. Y ahora me gusta saber que puedo hacer lo que veo, que tengo el control», zanja.
Vuelos sobre los tejados
El parkour extrema sus sobresaltos más allá de las fronteras españolas y se expresa con el riesgo máximo pero controlado que supone brincar de tejado en tejado. En la imagen, varios traceurs practican este deporte en lo alto de los edificios en San Petersburgo (Rusia).