Los administradores observan temeridad y mala fe en Mediapro


a coruña / la voz

Francisco Prada Gayoso y Julio Fernández Maestre, administradores concursales del Deportivo, observan «temeridad y mala fe» en el retraso y los recursos presentados por Mediapro contra la resolución judicial de que deposite el segundo plazo del contrato que mantiene con el club coruñés en una cuenta de la administración concursal.

Y es que un mes después de que tuviera que hacer efectivo el pago de los 9 millones de euros más IVA de este segundo plazo, no consta que lo haya hecho, lo que pone en peligro, según los propios administradores, «la continuidad de la actividad ordinaria de la entidad».

Inicialmente, el Deportivo se benefició de este retraso, puesto que al no haber pagado en el momento en el que el club solicitó el concurso y tampoco cuando la jueza lo admitió, la magistrada pudo ordenar el levantamiento del embargo de Hacienda, pese a la negativa de la Agencia Tributaria.

Sin embargo, los recursos posteriores de Hacienda, de Novagalicia y del Banco Gallego han servido, según entienden los administradores, como coartada para que Mediapro siguiera retrasando el pago y poniendo al club coruñés en una delicada situación.

En un recurso presentado en el juzgado mercantil, la productora alega que no puede abonar los 10,8 millones adeudados (IVA incluido) porque el Deportivo no le envió las facturas oportunas. Prada y Fernández aseguran que esta argumentación «interesada y parcial» carece de toda lógica ya que, en primer lugar, durante el año 2012 sí atendió a todos los pagos y embargos, sin exigir factura por adelantado y, además, en esta ocasión, el Deportivo sí envió ya la factura solicitada el pasado 18 de enero. «La mala fe del recurso es evidente»

Por ello, los administradores creen que «Mediapro deberá dar cuenta donde proceda del flagrante retraso en el cumplimiento de dicho requerimiento judicial del que no ha dado ni la mínima explicación».

«Por último -continúa el escrito-, nos resulta imposible pasar por alto la falta de delicadeza que supone, cuando menos y por decirlo muy suavemente, entrar a valorar y juzgar ánimos e intenciones ajenas, meras elucubraciones gratuitas, sin ningún fundamento, que se presentan como si se estuviera en posesión de una verdad inconcusa».

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