Talento en expectativa de gloria

Brilló en la NCAA, sufrió dos roturas de ligamento cruzado y ahora busca en la Liga Endesa su pasaporte hacia los Timberwolves de Minnesota


SANTIAGO / LA VOZ

Cuando el Obradoiro diseñó el proyecto 2012/13 empezó por asegurar la columna vertebral del pasado curso, la que conforman Andrés Rodríguez, Alberto Corbacho, Levon Kendall y Oriol Junyent. Sumó a ese póker a otro veterano que acredita un recorrido contrastado en el baloncesto europeo, el alero Ben Dewar. Y a partir de ahí completó el equipo con jóvenes que ven en el destino santiagués una oportunidad de oro para relanzar sus carreras.

De todos ellos, uno de los que concita mayor expectación es Robbie Hummel (Valparaíso, 1989), que debutó el sábado frente al Murcia. Sus primeros años en la Universidad de Pardue lo proyectaban como un candidato a entrar en la primera ronda del draft. Pero sufrió una rotura de ligamento cruzado. Y, al poco de recuperarse, volvió a pasar por el mismo percance.

Perseverancia

Hummel ni se desanimó ni dejó de trabajar en la rehabilitación, y el pasado curso completó una buena campaña en la Liga Universitaria.

El Obradoiro se fijó en él como quien invierte en un fondo de renta variable. Firmó a un jugador que ha superado dos lesiones en la misma rodilla y que esconde un talento ofensivo incuestionable.

La suerte volvió a darle la espalda en la misma articulación. En pretemporada se dañó el menisco y tuvo que pasar por el quirófano. Ahora solo espera que los contratiempos hayan quedado definitivamente atrás para poder ofrecer su mejor baloncesto.

El entrenador, Moncho Fernández, pide paciencia con Hummel para que pueda sacar todo el potencial: «En su caso, tiene que pasar dos sarampiones. Es rookie y además lleva tiempo sin jugar. Pero es un gran talento ofensivo por pulir, capaz de jugar de cuatro o de tres. Es nuestro pívot más perimetral y tácticamente nos amplia el abanico de opciones».

Buenas sensaciones

Hummel está contento con las sensaciones de su estreno, aunque reconoce que jugó con cierta precipitación: «Estaba tan emocionado por debutar ante mi público y demostrar todo aquello de lo que soy capaz que creo que me pudo la ansiedad».

Lo que tiene claro es que se ha encontrado con una liga «más fuerte y más física que la NCAA. Aquí todos son profesionales, y esa diferencia se nota».

El pívot no se atreve a poner una fecha para el horizonte en el que podría alcanzar su mejor nivel: «Lo importante es seguir entrenando y mejorando».

Tiene claro cuál es su presente: «Mi sueño es la NBA, pero ahora estoy aquí, en una gran ciudad, con una afición excelente. Lo único que quiero es jugar a mi mejor nivel aquí». Ese es el camino para coincidir con Kevin Love, al que ve como un referente, y con Ricky Rubio, «que ya es un ídolo allí». Minnesota lo tiene entre sus futuribles y está muy pendiente de sus evoluciones en Santiago.

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