En algunos días festivos me sucede igual que a una gran parte de aficionados al fútbol. No juega su equipo, y deja de interesarle lo de otros campos salvo cuando esos marcadores puedan tener influencia en lo que a uno verdaderamente le preocupa. Pensaba ayer sobre esto, cuando recibí la llamada de un viejo sufridor deportivista (de la quinta del 47) preguntándome si era verdad que no se iba a televisar el Bielorrusia-España, anunciado para hoy, desde hace meses. A las horas en que llamó el amigo continuaba el chalaneo a nivel internacional, intentando conseguir una rebaja en los derechos de trasmisión y ofrecer el encuentro por la pequeña pantalla. El relato parece más propio de ser protagonizado por los propietarios de barracas intentando encontrar espacio en una feria de pueblo en fiestas, que de un problema a nivel internacional para trasmitir un partido de la mejor selección del mundo. De verdad, es algo que no se cree y nos demuestra en qué manos está la organización del fútbol profesional.
Sin salir del círculo de la selección, confieso que me siento como alelado al conocer los problemas (?) que, según airean los medios, se le plantean a Del Bosque por las lesiones de Piqué y Pujol. Durante estos últimos días no se conoció el nombre que completará, con Ramos, la pareja de defensas centrales. Como diría H. H., «para central basta con un hombre veterano que acierte a ver venir al adversario?»
Creo que las dudas del seleccionador son más inventadas, y no por él, que reales.