Los escasos cuatro meses que lleva el portugués al frente del Real Madrid le han bastado para exhibir en la Liga el carácter ya mostrado en la Premier y el Calcio
02 oct 2010 . Actualizado a las 18:30 h.Hacía falta Mourinho. Una Liga no puede aspirar a ser la mejor del mundo si el espectáculo se limita a 90 minutos de carreras sobre la hierba. El técnico portugués ya avisó durante su estancia en Inglaterra que los partidos comienzan cuando él habla de ellos para los medios y no acaban hasta que no los analiza en rueda de prensa. Cuatro meses le han bastado para certificar que el modelo que abanderó en la Premier (compartido allí con personajes de la talla de Wenger o Ferguson) y el Calcio también funciona en España.
Aquí, como allá, ha añadido su espectáculo al puramente deportivo y sumado otro juego al Juego. Una especie de Cluedo al estilo Mou. Entre los criminales : los árbitros, el calendario FIFA, la directiva del club blanco, la prensa, Manolo Preciado, Paul Burgess o Pedro León. Una única víctima: él; el chico especial.
La cuenta regresiva de las esperadas salidas de tono del portugués arranca esta misma semana, previa a su enfrentamiento con el Dépor y con el duelo ante el Auxerre de por medio. Tras el regreso desde Francia, donde su equipo sufrió para vencer por 0-1, Mou decidió que los entrenamientos serían a puerta cerrada. Priva así a los medios de los habituales 15 minutos de presencia en las prácticas y de las comparecencias de jugadores en sala de prensa, donde el técnico será protagonista exclusivo.
La medida, vigente desde el jueves, es la respuesta del míster a la tensa aparición pública que ofreció el lunes, antes del partido de Liga de Campeones. Perdió nervios y paciencia hasta acabar situando en la diana a uno de sus fichajes veraniegos: Pedro León.
Bronca con la prensa
El interior diestro había sido el mejor del encuentro que midió a los blancos con el Levante (0-0) y por eso sorprendió su ausencia en la convocatoria para viajar a tierras galas. Los periodistas entablaron entonces una particular batalla con Mourinho para conocer el motivo del descarte. A la tercera pregunta sobre un tema que él prefería obviar, el técnico estalló: «No tengo por qué justificar esta decisión a nadie que no sea al presidente. Pero Pedro León no es ni Zidane ni Maradona. Hace unos meses jugaba en el Getafe. Parece que estamos hablando de una estrella». Fueron sus últimas palabras antes de abandonar anticipadamente la sala.
El ambiente en Auxerre tuvo poco que envidiar al de unos días antes en Levante. Aquel encuentro acogió otra de las proverbiales broncas del chico especial. Abandonó el banquillo para acusar de teatrero a su ex pupilo Del Horno -había recibido una patada sin balón de Cristiano-, lo que desató una batalla dialéctica con el entrenador rival. «Estoy contento porque ninguno esté en el hospital», reflexionó Mou en el análisis pospartido, protestando por las pérdidas de tiempo del rival. Nacho González, futbolista granota, pasará seis meses de baja por un lance del duelo.
También quiso dejar claro el ex de Oporto, Chelsea e Inter, que no había tenido problemas con el estado del terreno de juego del Ciutat de Valencia. «Yo solo hablo de mi césped», advirtió.
Y lo había hecho una semana antes, para justificar la pobre imagen de su equipo, que sin embargo terminó goleando (entre silbidos de la grada) al Espanyol. «Es difícil jugar en un campo de patatas», se lamentó; para un día más tarde tratar de hacer las paces con el jardinero del Bernabéu, recordando en público que Paul Burgess había ganado varios premios en Inglaterra por su trabajo.
Casi tantos como los que ha merecido el del propio Mourinho en el apartado futbolístico y que llevaron a la federación lusa a querer reclutarlo para dirigir a su selección en un par de encuentros. El Real Madrid se negó a prestar a su entrenador, y él no se lo tomó bien. Dijo no entender por qué le impedían dedicar a su país sus días de ocio. Parecía avecinarse el primer pulso entre el míster y la directiva, pero el técnico prefirió no gastar balas y se apresuró a rectificar.
No se desdijo, sin embargo, tras atacar a sus enemigos más habituales: acusó a los árbitros de no proteger a Cristiano y al Barça de verse favorecido por la rendición prepartido de sus rivales (el Sporting sirvió de ejemplo). Primeros frentes de batalla en la guerra privada de Mou.