El Barça se atasca otra vez en Kazán

R.?C. KAZÁN/COLPISA.

DEPORTES

30 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El Rubin volvió a ser un fortín frente al que se estrelló un Barça demasiado lento y romo arriba. Ni sin Messi, reservado de inicio, ni con él, los catalanes pudieron vencer la resistencia del equipo más defensivo que se recuerda. Y menos mal que Iniesta se fabricó un penalti tan poco claro como el que adelantó a los rusos y preludió un empate de Villa que deja bien encarrilado el pase a octavos.

Añoranza de aquellos viejos tiempos en los que la escuela de fútbol rusa proponía un fútbol alegre, inocente si se quiere, pero atractivo. Los seguidores de Berdyev resaltan el carácter moderno e innovador del técnico del Rubin, obseso de la táctica y los vídeos.

Si la vanguardia consiste en defender permanentemente con seis tíos junto a la frontal del área y cuatro por delante, ¡vivan los clásicos!

Muralla rusa

Desde el arranque, el Barça se apoderó del balón y el campeón ruso construyó una muralla cerca de su portero. Paciencia, circulación al más puro estilo del balonmano ante un 6-0 en toda regla, pero acciones muy lentas. Juego pasivo, vaya. La historia del feo partido pudo haber cambiado si, a los 12 minutos, Pedro hubiera acertado al rematar, con la zurda y muy forzado, un gran pase de Villa. Pero el balón se fue al travesaño y no cambió el guión.

Dominio nítido, posesión absoluta, pero pocas ocasiones ante un adversario que se encontró con un penalti de esos que en directo parecen claros pero, tras ser repetidos por la tele, derivan en piscinazos. Kirilenko cayó entre Alves y Piqué, y el colegiado turco, en el engaño. Noboa, el ecuatoriano de la torre de Babel de Kazán, estrelló el penalti contra Valdés con tal potencia que el balón acabó por la escuadra.

Pudieron empatar los catalanes ya antes del descanso, pero Pedro lanzó fuera una gran dejada de cabeza de Villa. Idéntico guión en la reanudación, a la espera de que la suerte cambiara. Y llegó la compensación del árbitro en otra acción dudosa que contribuirá al debate sobre si Iniesta teatraliza o no. El Guaje no tiró bien, pero el balón entró llorando tras rozar el portero. Con 1-1 y la entrada de Messi en lugar de Mascherano, el choque pintaba azulgrana.

Berdyev miró al banquillo y tiró al fin de Martins, un veterano delantero nigeriano curtido en Italia e Inglaterra que la tuvo de cabeza pero apuntó al palo. Haber echado mano de Carlos Eduardo, un fino enganche brasileño, era demasiada osadía. Iniesta pudo castigar a los cicateros rusos tras una pared imposible con Messi, pero no era el día.