La Liga a todo gas llega a su cita decisiva. El clásico de esta tarde decidirá el ganador de uno de los campeonatos más desequilibrados de los últimos años. La voraz carrera de los blancos por alcanzar a su eterno rival, animó una Liga desigual, alocada y partida en dos, pues el Sevilla, el tercer clasificado, se distancia a 25 puntos del liderato.
¿Qué sería de esta Liga sin el hambre madridista? En su intento de remontada los del Bernabéu devoran récords y marcas, al tiempo que han borrado cualquier atisbo de la clase media que relanzó a la Liga española como la mejor del continente hasta hace pocos años. Aunque todavía faltan cinco jornadas para el final, los 82 puntos del Barcelona le coronarían campeón en ocho de los últimos trece torneos (desde que el triunfo vale tres puntos), pero es que el Madrid (78) lo sería en cinco. Ambos, desde luego, hubieran conquistado el título del 2000, en el que el Dépor fue campeón con 69 puntos.
52 de 54 puntos
Con un vestuario sugestionado por una persecución que dura más de cuatro meses, los que lleva Juande Ramos al frente del banquillo del Bernabéu y los que pasaron desde aquel partido en el Camp Nou (2-0), el Madrid se quedó con 52 de los últimos 54 puntos en juego, pero ni aún así le bastan para convertirse en campeón. Solo lo será si tras su desesperada carrera derrota ahora a un Barcelona que agotó todos los elogios en una temporada y que, si triunfa en el desafío de esta tarde, seguirá dispuesto a convertirse en el mejor primero de siempre.
El Madrid está en disposición de repetir el increíble final de temporada que completó en la temporada 2006-2007, cuando superó al Barça en el último momento para alzarse con el título. Los blancos, a seis puntos de su eterno rival tras la vigésimo cuarta jornada del 25 de febrero del 2007, consiguieron 31 de los últimos 36 puntos en juego para adjudicarse su trigésimo trofeo liguero y disfrutar de su primer gran éxito desde el 2003, tras acabar empatados a puntos con los azulgrana, pero con mejor diferencia de goles en sus enfrentamientos particulares.
Como en la remontada de la campaña 2006-2007, si un madridista se merece un lugar destacado en esta persecución es Higuaín, quien parece haber asumido el papel de salvador de su equipo. El delantero argentino llega al clásico consolidado como la gran figura de este Madrid. Tras dos años torpes, pese a marcar goles decisivos, el argentino no deja de impresionar: ha marcado 18 tantos esta temporada y su aportación resulta siempre determinante.
Rápido, hábil, altruista en el trabajo colectivo de su equipo y polivalente, pues puede jugar en punta o volcado a la derecha, esta campaña El Pipita se volvió indispensable para su equipo. Autor del gol de la victoria contra el Espanyol en la trigésimo cuarta jornada de mayo del 2007 (4-3), cumplido el tiempo reglamentario, Higuaín repitió hace dos semanas para evitar que su equipo tropezara con el Getafe y marcó el tanto decisivo en la prolongación (3-2).
A la sombra del Dream Team
Mientras, el Barcelona encumbra a Iniesta, al que es casi imposible quitarle el balón. «Parece que tiene mil ojos», decía muy gráficamente en una entrevista reciente el ex delantero danés del Villarreal Tomasson al hablar del centrocampista, quien se destapó en la Europa del pasado verano como uno de los grandes triunfadores de la selección y ahora actúa como el referente de un Barça que camina sin miedo a compararse con el Dream Team.
Amalgamador del juego de fantasía culé, donde acumula ocho pases de gol, también resolvió partidos como hace solo un par de partidos contra el Sevilla. Una fenomenal parábola a los dos minutos y un excelente pase a Eto'o poco después zanjaron un choque que nació bajo el estruendo de aquel Madrid-Getafe, silenciado por el talento de un futbolista sin estridencias, pero que se ha tornado tan decisivo como cualquier crac mundial.
El Real Madrid-Barça se convierte en el final de una carrera de persecución. El mejor epílogo posible para una Liga rota por el incontestable dominio de los dos grandes, que aspiran esta tarde aspiran a meterse el título en el bolsillo. Faltan cinco jornadas, pero el clásico dictará sentencia.