Carlos Moyá dejó en el Open de Australia de 1997, cuando nació para el gran público, una frase graciosa que nadie comprendió en Melbourne. «Hasta luego, Lucas», soltó después de perder su final con Sampras. Fernando Verdasco, ahora también ungido en el torneo como jugador de primerísima línea, repitió rutinas estos días, la más llamativa su gesto con el brazo estirado y la mano abierta, gritando hacia su público. Al parecer, evoca uno de sus personajes favoritos del mundo de los cómics, un superhéroe.
El gesto es lo de menos, una broma, un grito de guerra, un detalle de complicidad con su gente. Verdasco viaja ahora sin entrenador, pero lo hace bien arropado emocionalmente. En Melbourne estuvo acompañado por su padre, José, que fue su primer entrenador, cuando le enseñó a jugar al tenis en una de las dos pistas que tenía en su finca, y algún amigo. Uno de ellos es Claudio, el joven desatado al que no dejó de enfocar la televisión australiana cuando el madrileño se anotaba un punto.
Quizá por eso, el juez de silla del partido de ayer recriminó antes a Nadal por hablar con su tío Toni, su entrenador oficial, que a Verdasco, que solo recibía gritos de ánimo, y poco más, de la gente que lo jaleaba desde su palco.
Solos en la silla
La vieja normativa que impide a los entrenadores sentarse al lado de los jugadores durante los partidos les resta protagonismo. Los tenistas de primer nivel, ya hechos, necesitan un grupo de entrenamiento y mejoras puntuales. No todos se desplazan con un preparador. Íntimo amigo de Feliciano López, su inseparable compañero en los torneos, Verdasco buscó algo más el año pasado en manos del ex jugador Tati Rascón, pero no duraron mucho tiempo juntos. Y hace unas semanas se marchó a Estados Unidos para machacarse con la gente que trabajó para Andre Agassi.
Desde hace un tiempo, Roger Federer también cambia el rumbo de su carrera por épocas. En la última temporada de tierra había recurrido a Pepe Higueras, el español que guió a Jim Courier hacia sus éxitos sobre la arcilla.
Así, por libre, Verdasco ya es el noveno jugador mundial, pese a su derrota frente a Nadal. «Demostró que es el más fuerte. Este partido estará en mi mente y en mi corazón toda mi vida. Con Rafa hay que jugar los puntos tres veces. Te exprime más que ningún otro jugador desde el fondo de la pista, y el nivel ha sido increíble», explicó el madrileño, que bromeó: «Ojalá hubiéramos podido empatar».