La Dama de las Cumbres volvió por Navidad. El 25 de diciembre, la fecha que marca su vida desde el propio nacimiento, volvió a estar presente en una gesta de la alpinista viguesa. En esta ocasión, y a sus 44 años, la festividad le cogió bastante más cerca del Polo Sur que de su propia casa.
Completar la travesía en solitario de la Antártida ha sido la obra maestra de Chus Lago, la alpinista que más ha diversificado su actividad en el alpinismo español. Porque la viguesa es capaz de convertirse en la primera española que sube al Everest sin oxígeno, o la primera en coronar el mítico Leopardo de las Nieves, pero también de darse un paseo de 100 kilómetros por Groenlandia o de pasarse 59 días fuera de casa camino del Polo Sur.
Voluntad de hierro
Todo lo que se propone lo consigue. Desde que su padre la inició en las ascensiones a los 11 años en el monte Vixiador, la Dama Blanca -como su prima la ha apodado en esta expedición- no ha parado de hacer cumbres y de conquistar hitos. El primero, a los 22 años cuando se dio a conocer al mundo del alpinismo en la cordillera del Himalaya. Fue su presentación en la sociedad de las alturas. Más tarde, fueron cayeron una a una, todas sus marcas. Perú, Kenia, los Andes bolivianos ... y poco después dos montañas con mayúsculas. El enigmático Annapurna y el coloso Everest. Fue en 1999, en la tercera expedición al pico más alto del mundo, cuando se convirtió en la primera española y en la tercera mujer de todo el planeta en coronar la ascensión sin necesidad de oxígeno.
Desafío soviético
En el 2004 se embarcó en un reto de leyenda. En subir a las cinco cimas más altas de la extinta Unión Soviética para conseguir el honorífico Leopardo de las Nieves. Los picos Lenin, Khan, Tengri, Poveda, Kirgenesvskaya y Somoni se pusieron a sus pies.
Ese mismo año asaltó el macizo Vison, en donde quedó cautivada de la Antártida. Cuatro años después, tras una travesía de fondo en Groenlandia y tras aplazar su viaje por mor de la aprobación del Plan General de Vigo, vio cumplido su sueño. En el empeño se dejó un año entero de duro entrenamiento en el monte Aloia con una rueda a cuestas y dos meses de vacaciones. Nada para ver cumplido un sueño.