Coruñeses y deportivistas de corazón, Iago Iglesias (23-1-1984) y Carlos Pita (8-12-1984) eran todavía prometedores benjamines cuando acudían a Riazor enfundados en sus bufandas y sus camisetas blanquiazules para dejarse la garganta animando al equipo de sus sueños.
Eran los gloriosos años noventa en los que la grada cultivó tres grandes rivalidades. Dos de ellas viejas conocidas: Celta y Real Madrid. La tercera, de nuevo cuño: el Valencia, cuyos colores defienden ahora ambos futbolistas, que han fichado este verano por el filial levantino, el Mestalla, de Segunda B. Ahora ven los toros desde el otro lado de la barrera.
La rivalidad con el Valencia se alimenta a sí misma desde que el inefable González celebró con entusiasmo desbordante en 1994 un penalti detenido a Djukic que le llenaba el bolsillo con el desaliento de un Dépor que acababa de perder una Liga.
«Pero es una rivalidad que se vive mucho más en A Coruña que aquí -reflexiona Pita-, por todo lo de González y aquel penalti, pero incluso para nosotros no es como el Celta. Y el Celta del Valencia son el Barcelona y el Real Madrid, no el Deportivo. El Dépor desde aquí se ve sólo como un buen equipo que desde hace años se ha convertido en un rival a tener en cuenta, pero nada más».
Con todo, Pita admite conversaciones sobre el caso González con Paco Camarasa, segundo entrenador del Mestalla y que disputó aquel partido de Riazor. «Estuve hablando con él de todo aquello hace muy poco y recuerda perfectamente el partido. Dice que el Valencia hizo ocasiones en el primer tiempo para ganar, pero que al final se complicó todo con aquel penalti».
Tampoco Iago siente la rivalidad con el Valencia de un modo especial. «Puedo entender que haya gente en A Coruña que le tenga rabia al Valencia, pero en mi caso no hay nada especial. Ya expliqué en su día -precisa- que con el Celta sí que había cuentas pendientes, pero no he sentido tanta rivalidad con el Valencia».
Pita y Iago sueñan con asentarse en el filial levantino y, por qué no, tener algún día una oportunidad en el primer equipo. «Pero con el nivel que hay lo veo complicado», reconoce Iago.