Hijo de panaderos, antes de llegar al fútbol fue monje en el monasterio de Sobrado, teniente de paracaidistas, campeón de España de ralis y político profesional
03 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La vida de Francisco Pernía no ha llegado al cine, pero no será por falta de guión. A sus 53 años, este hijo de panaderos fue monje trapense, alcalde de su pueblo, teniente de paracaidistas, campeón de España de ralis, consejero de Industria y de Turismo en dos legislaturas diferentes del Gobierno cántabro, secretario general del Partido Popular autonómico, diputado y... presidente del Racing de Santander.
Pernía pasó su juventud en Galicia. Entre los muros del monasterio de Sobrado dos Monxes, cerca de Melide, en la provincia de A Coruña. Era el único novicio y estudiaba en el seminario, pero un problema de faldas terminó por apartarlo de su vocación. «El caso es que tuve un problema con una chica, ya sabe... Reincidí y, tras la confesión, el abad me recomendó que quizás era mejor que me alejara un poco», explica en una entrevista reciente con una amplia sonrisa.
Su sorprendente biografía se traslada entonces a tierras africanas, al Sáhara y a Mauritania, donde se alistó como paracaidista. Llegó a ser teniente. «Yo nunca tomé el hábito, pero estaba eximido del servicio militar como todos los monjes. Me gustaba mucho la mecánica, me alisté en el ejército del Aire, primero en Alcantarilla, luego estuve dos años entre el Sáhara y Mauritania», añade.
Entre sus batallitas más repetidas está que se perdió tres días en el desierto. El próximo mes de mayo cumplirá dos años al frente del equipo cántabro, aunque el fútbol no se convierte en su primera experiencia en el deporte. Un mundo al que señala sin ambages como «su gran pasión». La mecánica lo llevó al asfalto, pero no de cualquier manera. Se proclamó campeón de España de ralis del Grupo N. En esta competición corrió, entre otras pruebas, el rali de Ourense y el Rías Baixas.
Nacido en un pequeño pueblo de Cantabria, Cóbreces, fue alcalde de su municipio, Alfoz de Llodero, con solo 25 años. Aún ostenta la marca de haber ejercido como uno de los regidores más jóvenes de España. Antes de convertirse en el secretario general del Partido Popular de su autonomía, ostentó el cargo de consejero de Turismo y de Industria en dos legislaturas diferentes.
Después de Piterman
La oportunidad de dirigir el Racing le llegó después de su paso por un sinfín de empresas de prestigio. Fue alto directivo de Codorníu, Magefesa y el Grupo Mondragón, pero su salto al fútbol no resultó en absoluto cómodo. Sustituyó a Manuel Huertas, quien había asumido el cargo tras la salida del polémico Dmitry Piterman. «Entrar después de Piterman es como entrar en un erial. El problema principal es que en esas situaciones la gente se da de baja. Él entendía que como había comprado el club, era suyo», señala.
Pernía trabaja para Dumvivo, propiedad del grupo inmobiliario Silver Eagle, que cuenta con el 80,32% del capital social del equipo cántabro. «Los futbolistas estaban desorientados y sin el apoyo de la afición. La separación entre la sociedad racinguista y el Racing era casi total», reflexiona. Su primera decisión fue recuperar para la camiseta verdiblanca a futbolistas de la tierra, hasta entonces desperdigados por el fútbol español. De la Peña, Luis Fernández, Colsa y Munitis fueron sus objetivos. Falló en su intento de fichar al rapado mediapunta del Espanyol. Por Pedro Munitis tuvo que viajar a A Coruña. Tras su gestión, Aouate defiende la portería de Riazor y el menudo delantero sueña con inscribir al Sardinero entre los grandes partidos europeos.
El Racing, con Pernía en los despachos y el asturiano Marcelino García en el banquillo, marcha quinto clasificado, empatado a puntos con el Atlético de Madrid, que ocupa plaza de Liga de Campeones. Cualquiera de los dos horizontes provoca chiribitas en los ojos de los aficionados del modesto club norteño. Aunque extraña que al aventurero Pernía algo le pueda llegar a sorprender.