El estadio coruñés vivió un ambiente digno de un partido de Liga de Campeones para recibir a un líder que, como es habitual, volvió a estrellarse en A Coruña
16 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El Deportivo huye del descenso, pero Riazor continúa jugando la Champions. Lo demostró esta temporada contra el Valladolid y el Sevilla, y ayer dio otra clase magistral. Puso a funcionar la máquina del tiempo y vivió el segundo lleno desde la fatídica semifinal europea contra el Oporto. La pasada temporada, solo el Barcelona vio las gradas a tope. Pero históricamente, solo el Real Madrid (con permiso del Celta) enardece a la parroquia blanquiazul hasta tal extremo. A las ocho menos cuarto, nadie diría que el Deportivo lleva toda la temporada instalado en la zona sur de la clasificación.
Pero a las ocho y cinco, las intenciones eran claras. El Dépor salió a calentar con la marcha militar del séptimo de caballería yanqui aderezado por el «Yo te quiero dar» campeón. Le acompañaron las cartulinas que relevan al tifo de siempre, y una pancarta ilustrativa del dolor madridista frente al placer blanquiazul: «Desde 1991, só existe un estilo en Riazor».
Con un palco a reventar, fue madridista el que no botó y kilombero el que lo hizo. Sonaron los grandes clásicos en general, consignas políticas aparte (el Real Madrid se presta) y quedó claro que no hay cosa mejor que vivir en A Coruña. Para esta fiesta no hacía falta un balón.
Pero lo había. Y cuando comenzó a rodar, Guti fue el blanco de todas las iras sin desmerecer para nada los peores momentos del denostado y retirado Fernando Hierro. En el bando propio, el chispeante Chippen , el abanderado del jogo bonito Filipe Luis y mañoso Lafita se la jugaban al gambeteo, al caño, al amago, al detalle. Al Madrid se le gana por las buenas. El papel de malo ya lo asumió Turienzo con un par de decisiones ajenas al no iniciado que provocaron ciertas dedicatorias del fondo y el clásico de los clásicos: «Así gana el Madrid».
Riazor olvidó sus apretones actuales y jugó noventa minutos de la otra Liga. Ayer, pasó por completo de los rivales directos y se fue directamente a por el rival. Así que cuando Filipe marcó en el cincuenta y siete con la ayuda de su compatriota Pepe, la coreografía estaba lista.
La segunda había comenzado con el freno de mano. Era necesario que reservar las gargantas para el uno a cero y posteriores. Después de lograrlo, no hubo control. Y Xisco y Lafita se fueron con la misma ovación con la que entró Guardado. Con el viento a favor, la grada tiró del repertorio popular e incluso tuvo palabras para el eterno rival celeste. El deportivismo terminó clamando por su ídolo Valerón como guinda a una fiesta de las de antes.