Jannette le echa un pulso a la oscuridad

Marcos Pichel

DEPORTES

La pequeña atleta ciega de Lugo fue premiada tras completar el campeonato provincial de cros

11 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los nervios estaban a flor de piel en la familia de Jannette Freire. La pequeña atleta de Meira iba a competir en una carrera de campo a través por segunda vez. El certamen provincial se celebraba ayer en Lugo a la vera del Miño y ella, bien agarrada de la mano por su amiga Cristina Fernández, recibió un premio en forma de medalla honorífica por el esfuerzo realizado para finalizar la prueba.

Los aplausos de los presentes estallaron cuando Jannette y Cristina cruzaron la meta. Sensación de alivio en su madre Begoña, en vilo durante los más de mil metros de la prueba, pero cara triste en las jóvenes competidoras. Habían entrado en la última posición entre todas las demás niñas, y la decepción era evidente. «Non volvo a correr máis», dijo entonces Jannette. «Eu tampouco», corroboró Cristina.

Hasta aquí, una parte de la historia. Para los que no estén al tanto, Jannette es una atleta ciega de diez años -además de estudiante de acordeón-, y Cristina es su lazarillo, y ambas se embarcaban en la segunda carrera de su vida, tras otra en Guitiriz el 31 de enero pasado. Como único entrenamiento, las escasas horas de Educación Física en el calendario escolar, ante una distancia mayor que en la villa termal.

Susto inicial

En el calentamiento, susto, y reticencias. En el prado húmedo y blando de la orilla, junto al Pazo de Feiras, y sin zapatillas de clavos que garantizaran la tracción, Jannette resbaló y se fue al suelo. «Eso la echó un poco para atrás, y tuvimos que animarla para que corriera», dijo su madre. Los aplausos de todas las niñas antes de comenzar, seguro sirvieron de bálsamo.

Con su gorra del Colegio de Meira, y pañuelo anudado en el cuello al viento, Cristina tiraba de Jannette en los metros iniciales, hasta que se pusieron a la misma altura, con su tranco prudente, para evitar cualquier posible tropiezo. El cansancio haría mella pronto, tanto en ellas, como en otras competidoras, y la carrera mutaba por momentos en exhausta caminata acelerada.

Convertir una situación excepcional en normalidad requiere fuertes dosis de trabajo y sacrificio. Cuando el grupo enfilaba el tramo final, Begoña agarró a su hija mayor y se puso a correr en busca de la pequeña, que no se distinguía en el horizonte. Protectora, temió que les hubiera pasado algo, y al cabo, aparecieron junto a ellas, impulsándolas a seguir adelante.

Esprint final

Las dos niñas entraron en la última recta apretando, acercándose a otra pareja que, al verlas aceleró. Sofocadas, llegaron a meta con aire de tristeza. «A nós gustounos a medalla da outra vez», susurraba Jannette, en una asociación de esfuerzo y recompensa que no siempre se cumple. No sabían que su correr tendría premio, y que se iban a ganar la mayor ovación de la soleada mañana, cuando subieron a lo más alto del podio a recoger su medalla de oro como campeonas provinciales de cros. Su expresión mutaba. ¿Tenéis ganas de volver a correr? «Si, agora si», decía Jannette.

«Si ella quiere, yo no le voy a cortar las alas», sentenciaba Begoña; una forma de alentar a la práctica deportiva a los seis niños más que, en edad escolar, comparten en la provincia de Lugo la situación de Jannette.