Arrancó un empate y la previa se decidirá en Pamplona
09 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El Osasuna se comportó como un experto en el AOL Arena y logró un valioso empate sin goles, que deja su participación en la Liga de Campeones a expensas de lo que ocurra dentro de dos semanas en el Reyno de Navarra. Ni la entidad del rival, con más nombre que fútbol, ni el majestuoso escenario, una de las sedes del reciente Mundial, asustaron a los navarros del Cuco Ziganda, que mantuvo las señas de identidad del equipo construido por el Aguirre. Un resultado notable que pudo ser mucho mejor si un noruego hogareño no hubiese anulado un gol de Cuéllar en la primera parte. Pero también pudo haber salido peor parado el cuadro pamplonés, ya que un inmenso Ricardo evitó la derrota. El histórico duelo comenzó con susto para los rojillos, ya que un desajuste defensivo permitió un testarazo franco del central belga Kompany que se estrelló en el travesaño. Un mal y timorato arranque que presagiaba dificultades. Sin embargo, el Osasuna se sobrepuso y no volvió a sufrir antes del descanso, si bien se vio amenazado por las amarillas a sus dos centrales, espléndidos toda la noche. Los navarros aguantaron a las mil maravillas las desordenadas acometidas teutonas e incluso pudieron adelantarse en la primera parte. Lo impidió un asistente del colegiado, que levantó la bandera para anular un certero cabezazo de Cuéllar, tras un medido centro a balón parado del francés Delporte. El ritmo se incrementó en la reanudación. De nuevo, el Hamburgo asustó de inicio con una triple ocasión consecutiva, abortada por el cuerpo de Flaño y los reflejos de Ricardo. Y otra vez, el Osasuna se repuso como un equipo con solera. No se amilanó, contuvo en el centro del campo gracias a Puñal y Raúl García y dispuso de un par de ocasiones pintiparadas. Lástima que Soldado lanzase contra el meta y que el incombustible Milosevic estuviese lento. Sólo a balón parado o en algún rechace, nunca por fútbol, el Hamburgo intentó imponerse. Trochowski buscó el disparo, pero ni él ni Van der Vaart pudieron sorprender a un acertado Ricardo. La sentencia, en Pamplona.