FUERON treinta minutos espléndidos, media hora de juego combinativo al primer toque, con una circulación de balón extraordinaria y una situación dentro del campo camino de la perfección, además de dos goles soberbios. Estético, rápido y hábil el primero de Baiano y mezcla de brasileño y playero el segundo. Fue un tercio de partido propio de un equipo equilibrado, consciente de sus posibilidades reales y pleno de autoestima. Ese arranque del partido contra el Sevilla fue propio de un grande, fútbol del bueno, del que terminará por llevar más gente a un Balaídos que sigue siendo descreído por naturaleza. Hay una cierta frialdad en las tribunas que no casa con el calor de Pinto, Sergio, Oubiña, Núñez, Silva, Baiano... Ese calor es el que debe consolidar a un grupo capaz de algo más que la permanencia. ¿Qué aleja al socio del estadio? Jamás hubo un campeón con las tribunas vacías sino al contrario, convirtiendo el campo propio en una caldera. Seguro que los peloteros celestes sienten envidia del Athlétic, del Cádiz, o de cualquier otro que juega en casa con el estadio lleno. Ustedes pueden hacer mucho por el Celta.