El Deportivo hipoteca su futuro en la Liga de Campeones

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez A CORUÑA

DEPORTES

XOSÉ CASTRO

Perdió en Riazor ante el Liverpool y sigue sin saber lo que es marcar en Europa

03 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

El Deportivo casi se elimina de la Liga de Campeones al perder ayer ante el Liverpool en Riazor sin haber podido marcar todavía ni un gol en la presente edición de la máxima competición continental. El partido comenzó con bajas temperaturas en la calle, frío en la grada de Riazor y escalofrío sobre el césped. Mejor dicho, en la mente de los jugadores del Deportivo, que a punto estuvieron de encajar un gol a los 22 segundos en una ocasión del Liverpool inventada por Luis García y Baros por el mismo centro de la defensa blanquiazul. Un disparo de Sergio desde la frontal quiso significar el fin de la empanada mental, pero ya se habían gastado siete minutos. Los dos equipos apostaron por el desorden en su puesta en escena. Baros era el actor principal en los ingleses. De parte coruñesa, todos secundarios. La intensidad con la que se emplearon los jugadores en el primer cuarto de hora provocó continuos parones, que evitaron un dominador claro. Nada de declaración de intenciones. Y eso que había que ir al grano. El que perdía, pagaba en la noche de ayer. En el río revuelto pescó primero el Liverpool, con la ayuda del colegiado alemán Stark (que dejó seguir una falta de Carragher a Valerón) y Andrade (que puso su caña al servicio de Baros y remató a gol un centro de Riise; lejos de ser el de la temporada pasada). Se cumplía el catorce. El Dépor estaba casi fuera de la Champions. Los de Irureta intentaron regresar a la élite de un modo descafeinado. Sus tímidas acometidas morían en la frontal en forma de lanzamientos que no alcanzaban la meta de Kirkland o centros que, simplemente, nunca llegaban. Esto dio tranquilidad al rival que, con ciertas dosis de dureza, orden en defensa y un par de sustos en ataque tenían su clasificación controlada. Previsiblemente, Javier Irureta volvería a lamentarse de la horizontalidad y lentitud del juego que practican últimamente sus hombres, defectos de los que carecía el Liverpool anoche, que armaba un ataque en tres desplazamientos largos y precisos demostrando que las piernas sólo hacen lo que les dice el cerebro. El Deportivo llegó al descanso sin pegada, abúlico. Quería la pelota, la tenía. Cierto. Pero no transmitía nada. Con Sergio echado a perder, Valerón en el terreno de los mortales a golpe de parsimonia y patadas, y el Dépor tumbado a la izquierda, el Liverpool nunca se asustó. Antes al contrario, los de Benítez dispusieron de una doble oportunidad a dos minutos del intermedio por obra de Kewell y Riise que sólo Molina sabe por qué no se convirtió en el segundo. La reacción inicial de Irureta en la caseta fue un cambio de centrales. Pablo Amo entró por César en un mensaje que la grada no comprendió. Pero fue el central madrileño el que gozó de una de las ocasiones más claras en el comienzo de la segunda parte a centro de Luque de falta directa. Poco más aportó el Deportivo en el siguiente tramo de encuentro, a pesar de la necesidad. Nadie tomó la responsabilidad, aunque el Liverpool regaló metros y renunció al ataque. Héctor era en estos momentos el más activo. Hasta que fue sustituido por Scaloni en el 65. A la hora de partido, y con esta tesitura, Diego Tristán por Pandiani y silbidos para Irureta. El grano no hizo granero ni ayudó al compañero. Irureta quemó sus naves y dispuso a Scaloni. Más silbidos. A pesar de los cambios, el equipo no tuvo ni más presencia en el área rival, ni más efectividad en el juego aéreo ni mayor empuje. Y Luis García tuvo el segundo gol en sus botas, pero pateó al suelo. La segunda mitad no tuvo historia. Para el Deportivo, porque el Liverpool se abrazó al estilo Benítez y no tuvo sonrojo en aburrir al personal presente en Riazor hasta que se escuchó el pitido final.