Javier Irureta, que completó la segunda etapa del Camino inglés con cierto esfuerzo, asegura que «es la última vez que lo hago, ahora me doy cuenta de mis limitaciones»
25 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.O el Dépor deja de lograr grandes gestas, o Irureta se controla a la hora de apostar por conseguirlas. Así de dura es la enseñanza que brinda la segunda etapa del Camino inglés, completada por el entrenador blanquiazul con esfuerzo. Cuatro años después de hacer cien kilómetros del Camino francés y dos después de peregrinar al santuario de la Virgen de Pastoriza, Javier Irureta cumplió la promesa realizada antes del encuentro de vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones, en Riazor ante el Milan. «Si remontamos, voy caminando a Santiago», dijo entonces. Y lo hizo. Aunque todo apunta a que la escena no volverá a repetirse. Entre bromas y veras, el técnico vasco fue dejando recados mientras caminaba (a un ritmo endiablado, marcado por el entrenador de porteros José Sambade y el preparador físico José Ángel Franganillo). «Ahora es cuando me doy cuenta de mis limitaciones; es la última vez que lo hago», espetó. «La próxima vez, apuesto una cena», dijo al recordar cómo surgió la idea del peregrinaje: «Un chaval que casi acaba de llegar al periodismo va y me dice '¿Qué apuestas si pasáis?' Y yo entré fácil al trapo. Lo veía tan jodido que respondo: pues camino hasta Santiago». Para zanjar el tema, tras la siguiente apreciación de Javier Irureta: «Paco, hemos nacido un poco antes de tiempo; hubiéramos ganado más dinero y estaríamos ahora en Canarias en una colchoneta en lugar de haciendo el Camino», su ayudante Paco Melo pone la puntilla: «Pero Jabo, si te pedirían entonces que subieses al Teide y lo harías. Para la próxima vez, reza cuatro padrenuestros antes de hacer una promesa». El trazado inglés (que por su poco tránsito bien pudiera ser rebautizado como escondite inglés) permitió a Irureta caminar sin la presencia de curiosos ni la compañía de otros peregrinos, lo que favoreció las conversaciones con su alter ego y ayudante en el banquillo, Paco Melo. Los temas: fútbol de pasado y presente, las circunstancias que aderezaron la primera etapa del Camino, la boda de Felipe y Letizia y, por supuesto, ciclismo. El deporte del pedal protagoniza siempre el debate estrella en el cuerpo técnico. Por eso, Melo respondió con un irónico «podíamos charlar un poco de ciclismo, que nunca lo hacemos» a la sugerencia de Irureta: «Paco, cuenta historias de cuando metías goles». Al final se acabó hablando hasta de las ausencias en la boda real. Cinco horas, una parada A las nueve de la mañana arrancaba desde Deixebre la expedición blanquiazul. Por delante, 27 kilómetros. En las piernas, 33 más. Éstos son los que le pasaron factura al utillero Suso Méndez a los cincuenta minutos de marcha. La moral del grupo estaba tocada en ese momento y se buscaban con ansiedad los mojones kilométricos. El bloque se rompió con la baja de Suso. Sambade y Franganillo se rezagaron para acompañar al utillero. Pero a las once y media, el grupo perseguidor conectaba con el pelotón y comenzaba a tirar. El ritmo impuesto por los dos licenciados en INEF fue de traca. Tanto, que se pasaron en un cruce de caminos ante las bromas de Irureta («No estamos para regalar metros»). Quizás fue uno de los factores que terminaron por convencer al vasco de que la experiencia tiene pocos visos de repetirse. «Parecemos ciclistas holandeses, no se nos dan nada bien las cuestas», apreció Irureta antes de quejarse levemente por las prisas del resto de la expedición y de pedir a los coches que «parasen en lugar de tanto saludar». Una breve parada en la mitad del recorrido fue el único descanso del grupo hasta la llegada a las dos de la tarde. Sólo en Sigüeiro y Santiago aparecieron los cazaautógrafos (uno de los cuales ofreció embutidos al míster) y no faltó Juan Ángel Barros Botana, que únicamente asomó cerca del Obradoiro para salir en la foto, disfrazado de peregrino.