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El capitán y la reacción del público gestaron el triunfo del Dépor ante el Mónaco
21 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Lo marcó Tristán, lo creó Scaloni, pero medio gol es de la afición. No hay palabras para expresar cómo superó el público coruñés la crisis de los blues para llevar en volandas al Deportivo en el tramo final del encuentro. Tuvieron que producirse dos hechos: que Irureta reaccionase con los cambios y que Fran se pusiese los galones. Con Rainiero y Alberto como testigos de la avalancha final blanquizul. La victoria del Deportivo fue tan agónica como justa, por empuje y decisión, y deja a los coruñeses en inmejorable posición para conseguir el pase a octavos de final en la Liga de Campeones. Como el blanco y el negro, el glamur monárquico contrastó con la tensión alimentada por la muerte de Manuel Ríos. Mientras en el palco echaban Vacaciones en Roma, en General ponían la última de Ken Loach, con día del espectador para la policía (camuflada). Tal vez no eligió la elegante monarquía monegasca el mejor día para visitar Riazor. Y esa mezcla de la sangre azul del palco con la roja que lloró este mes la afición produjo al principio un efecto extraño, extemporáneo, como el de quien se viste de esmoquin para trabajar en la mina. Pero se ha llevado al principado un caballeroso ejemplo de lo que es una afición. Temía Javier Irureta que pudiese haber silencio donde antes había pasión, y no fue así. Una amalgama de blues y simples aficionados poblaron el fondo para tirar del carro anímico. Como se esperaba, Didier Deschamps planteó un partido táctico, con dos líneas de cuatro muy juntas protegiendo su portería. Dos pantallas que oscurecieron a Valerón, sin espacios para dar el pase, y a los extremos blanquiazules, que suspiraban por los desdoblamientos de sus laterales. No es que el Mónaco ofreciese mucho más, pero desde ese esquema sólido, con tres o cuatro jugadores de calidad se bastaron para inquietar al Deportivo, que tardó 34 minutos en forzar el primer saque de esquina. Ahí se sintió cómodo el Mónaco. Y con el tiempo empezó a sacar provecho de su contraataque. Y ahí se benefició de la sorpresita que tenía reservada Deschamps: el extremo todoterreno Giuly jugó de segundo delantero, en vez de Prso, para aprovechar su gran velocidad en esas contras e intentar romper el fuera de juego que practica el Dépor. Irureta tenía otro as en la manga: Tristán. Es verdad que con el andaluz en el campo, Valerón tiene una referencia con la que conectar y hacer jugada. Pandiani vive mucho más de su relación con los extremos y de los centros que éstos puedan enviar para su certero remate de cabeza. Pero, lo que son las cosas; tal y como jugaron ayer Mónaco y Deportivo, el partido por el bosque de piernas de la zaga rival, era más propicio para un testarazo del delantero uruguayo que para las paredes de Valerón y Tristán, aunque fuese Diego quien marcase al final. Irureta se dio cuenta de que el partido era para Walter al tiempo que cortó de raíz la noche aciaga de Valerón, que no tenía la vena artística a punto. Colocó a Fran en la banda para abastecer a sus delanteros, uno de ellos Nourredine Naybet, y se fue a por el Mónaco con un fútbol más directo. El capitán fue el artífice del cambio de imagen del equipo, que se volcó sobre la portería del Mónaco. En la media hora que estuvo en el campo, volvió loco al rival con sus cambios de posición y metió a la afición en el encuentro. Su experiencia y su saber hacer transformaron al Deportivo para conseguir un triunfo básico. Jugó de extremo, de mediapunta y hasta de defensa para sacar un balón que se colaba en la meta de Molina. Pero, junto a Fran, es justo destacar la garra que aportó Scaloni en los minutos finales y su extraordinaria jugada antes del gol de Tristán.