La selección española llegó de puntillas al Hostal de San Marcos en León. Medio centenar de curiosos hizo guardia a las puertas del parador para disfrutar de ocho segundos escasos jugando al «quién es quién» entre las lunas tintadas del bus que recogió a la expedición en Villanubla, antes de hacer fonda en las habitaciones del hotel.
31 mar 2003 . Actualizado a las 07:00 h.«No han hecho un ruido en todo el viaje, venían agotados y no han querido ni refrescos». Acostumbrado a guiar los designios de Ademar León en la carretera, José Antonio Álvarez Tomé, hermano del entrenador de la Cultural Leonesa, se puso al volante de la selección, y tuvo carga de lujo. La primera toma de contacto con el verde no puso a Iñaki Sáez y su cohorte en el escenario del partido. España se fue al Área Deportiva de Puente Castro, y medio León también. En el estadio Antonio Amilivia, las colas se cargaron más de improperios que de expectación. No hay billetes para el choque ante Armenia del miércoles. El acceso al entrenamiento fue libre, y la chiquillería lo agradeció con todo tipo de mensajes, más pudorosos unos que otros. De lo primero, al uso que estila el fútbol, todo ánimos. De lo segundo, las posaderas de Joaquín y la anatomía completa de los porteros, Casillas y Cañizares, se llevaron la palma. Hora y pico larga de evoluciones sobre la cancha aportaron a la grada la primera toma de contacto con los internacionales. Visual, porque la caza de autógrafos se puso cara. El día no estaba para excesos. Sáez accedió a hablar con los medios informativos, por cubrir la negativa de los jugadores de alguna forma, y la misma pasión que salió al encuentro de las estrellas, despidió los quehaceres de una tarde cualquiera de domingo sin partido, que no sin fútbol. Y lo que queda hasta que llegue la media semana. El grueso de los importantes se dedicó al plan B. Raúl, Baraja, Guti, César, Marchena, Michel Salgado, Albelda, Etxeberría y etcétera, etcétera se dieron una vuelta por Fisioclínicas para relajar musculos y dar una mano de chapa y pintura a los desperfectos mínimos de Ucrania. Otro centenar de sufridores bajo la lluvia aguantó estoicamente casi dos horas de espera por una foto, medio autógrafo y tres cuartos de gripe incipiente al abrigo del frío de la tarde. España se fue de cena a las nueve de la noche. Vista la que caía fuera, en climatología y en asuntos menos meteorológicos, la conveniencia sugirió no cruzar los muros del techo que cobijó anoche el primer sueño. Casi mejor. Mañana León volverá a ser sinónimo de fútbol