Semana de pasión en el centenario

La Voz M. F. | REDACCIÓN

DEPORTES

EDGARDO

El Atlético abre su aniversario con una guerra aireada en las noches de la radio. Aragonés dice que el presidente «se portó como un forofo», pero añade que seguirá en el club

10 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El centenario rojiblanco ha arrancado con una gran traca radiofónica. El Atlético de Madrid ha logrado convertir la cuenta atrás del encuentro ante el Deportivo en una loca carrera de declaraciones, desencuentros y rectificaciones. En resumen, una bomba de relojería activada por las acusaciones e insultos de Jesús Gil hacia tres de sus jugadores y que casi hace saltar el banquillo colchonero. Pero después de un jueves frenético con reuniones de día y confesiones de noche, Luis Aragonés garantiza que se quedará en el club al menos hasta el 30 de junio. De momento, reina la calma... aparente, porque la tregua se firmó en la radio, ese escenario elegido por el presi para airear trapos sucios. Pero es como si el marcapasos de Gil hubiera acelerado el corazón de todo el club. Primero fue Gil el que salió a la palestra de las ondas en esa noche de la versión colchonera del Hablar por hablar . «Algunos periodistas están con el hacha preparada para tirar a matar en cuanto pueden», espetó el mandatario. «Nos hemos dicho todas la verdades. Miguel Ángel Gil ha funcionado bien, nos ha hecho ver a todos los errores que hemos cometido», desveló el técnico después. Pero cuando los seguidores atléticos todavía rumiaban las palabras de la paz oficial, se encontraron con la ausencia de Luis Aragonés en el entrenamiento de la primera plantilla. «Tenía trabajo y he preferido, aunque no es normal, no bajar al campo», explicó el técnico. Ufff... Ya parecía que se asomaba la sombra de Schuster. Pero Luis aclaró que continuará en su puesto siempre que la familia Gil respete su trabajo y no se inmiscuya en sus labores técnicas. «El director general unió a todas las partes y dijo que continuar todos juntos es lo mejor para el Atlético de Madrid y en el plano individual también para nosotros», añadió el entrenador, en referencia a Futre. La paz no evita nuevas críticas. Luis cree que Gil actuó «como un forofo» al atacar a los jugadores, pero también reconoció sus propios errores, entre ellos, «hablar con los medios antes que con el club» para que le aclarasen por fin si el Atlético estaba negociando o no con otro entrenador. Pero nada de esto hubiera pasado si Gil no hubiera abierto la caja de Pandora (ante el micrófono) en la noche del domingo al lunes. El presidente afirmó que Otero, Santi y Carreras ni siquiera merecían cobrar. El guante fue recogido por Otero el lunes, que señaló que, mira por dónde, el club les adeudaba dinero a los jugadores. Y Futre el martes se puso de parte de la plantilla. «Cuando Gil ataca a los futbolistas, me ataca a mí», espetó. Lo secundó Aragonés. El miércoles se impuso el silencio: el Atleti jugaba contra el Xerez (el de Schuster, para más inri). Con la anestesia del triunfo, el jueves se reunieron Luis, Gil y Futre. El técnico empalmó el viaje de regreso a Madrid con un encuentro que duró tres horas. De la intensiva terapia de grupo nacieron las disculpas del presidente y las ratificaciones de Aragonés y Futre. ¿Paz? Sí, pero de momento. Lo del Atleti no se arregla ni con la medalla de oro que la ha concedido el Ayuntamiento de Madrid. Ya lo cantaba Sabina, el compositor del himno del centenario: «Yo tenía un tren con retraso, un carné del Atleti, una cara de culo de vaso...».