El delantero paciente tiene premio

Toni Silva REDACCIÓN

DEPORTES

Albert disfruta de su primera semana de gloria en Ferrol y San Sebastián después de esperar con resignación su suplencia con el eterno debate Makaay-Tristán de fondo

10 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

A Coruña conocía a Luque por los resúmenes televisivos del Mallorca y una convocatoria contra pronóstico de Camacho. Se hablaba de su proyección, de la negociación entre el Real Madrid y Mateo Alemany para vestir de blanco al catalán. E incluso el primer rumor de fichaje por el Deportivo sonó a broma por su presumible incompatibilidad con Diego Tristán sobre la cancha, que no fuera de ella, como se creyó sobre el pasado de ambos en Mallorca. Tras una semana que empezó en Ferrol y terminó en San Sebastián, Luque demostró que es un asesino con cara de crío. Pero sus ocho días de oro necesitaron de ocho jornadas de paciencia rumiada en banquillo y con chándal. Albert luchaba contra los elementos en su llegada a Riazor. Por un lado, la manía de Javier Irureta de emplear una eternidad para contar en serio con una nueva incorporación (idéntica receta que usa con los recién salidos de una lesión). Por otro lado, Luque no se incorporaba a un vestuario sino a un frente de guerra entre Makaay y Diego Tristán donde parecía imposible un tercer hueco en primera fila. En principio, el catalán debía batirse en duelo por arrebatarle el segundo puesto a Roy, con Tristán como indiscutible por su calidad refrendada con el último pichichi. Pero la praxis reveló el estado de gracia de Makaay y el desgraciado momento del sevillano. Luque mantuvo la calma. Ya en la primera jornada, sólo unos pocos días después de firmar como deportivista, Javier Irureta lo puso a pelearse ante el Betis en la banda izquierda para intentar apagar el fuego provocado por los sevillanos, algo casi inédito en las costumbres del irundarra. Bien como punta o jugador arrimado a la banda izquierda, Luque ha permitido una gran flexibilidad al esquema de Jabo. Ahí están las sustituciones para demostrarlo. En seis jornadas dio relevo a Sergio, Makaay, Tristán, Fran y Joan Capdevila. Tras su debut inesperado, pasó dos jornadas a cero minutos, para reaparecer en el cuarto choque liguero donde el entrenador premiaba su disciplina y su calidad con las migas de cada encuentro. Su concurso nunca superó la media hora, y llegó el momento de bajón y pataleta que supo controlar a tiempo. «Yo no vine aquí para ser el revulsivo de las segundas partes», denunció el catalán tras otro concurso fugaz con el Deportivo. Pero supo matizar. «Cuando vine aquí sabía que jugar estaba complicado, pero llegué para ser titular. Ahora, tal y como están las cosas es difícil, pero hay que seguir luchando para algún día jugar desde el inicio». Y ese día llegó el pasado martes ante el Racing en A Malata. Aquella cita fue una reválida de Irureta para el ejército de suplentes. Y Albert Luque obtuvo una calificación tan alta que recibió el premio de una confianza prolongada en la competición liguera. Su gol de falta en el tiempo añadido del choque significó algo más que el ahorro de una prórroga. Aquel misil sobre la portería de Bello Amigo significó su incorporación al Deportivo de verdad, a la lista de jugadores a los que se recurre cuando hay que sacar las castañas del fuego. Después de su recital ferrolano, Irureta le dio la banda izquierda a Luque que, si bien insiste en que nunca jugó en tal posición, el sábado se desenvolvió como si aquélla fuera su zona natural. Protagonizó un regate de vértigo, marcó desde el lado contrario al que tenía asignado y homenajeó a Valerón con una asistencia circense. ¿No ha estado Luque demasiado tiempo en el banquillo?