Brasil tomó ayer los bares de media Galicia, incluido el protectorado británico. Para escarnio de las huestes de sir Paco Vázquez, Os Mallos amaneció a ritmo de batucada. La colonia brasileña despertó en A Coruña la fiebre por la verdeamarela con la victoria ante Inglaterra. A las ocho ya era hora de reservar sitio para el partido. Recién tomado el café, con la marca de las sábanas en la cara y la cama casi sin hacer toca Mundial. La canarinha juega en el Mesón Sobrado. Entre la Fifa y Vía Digital cambiaron los hábitos del personal. ¿Quién dijo que el fútbol vacía las cafeterías? En la calle Europa se baila, canta, ríe y llora al son de Ronaldinho. ¿Será do Guaraná? La torcida se reúne en esta especie de Casa do Brasil en A Coruña. Todo muy familiar, como si los partidos se viesen en casa, con las zapatillas puestas. Los sillones junto al televisor son las plazas más codiciadas. Imposibles después de las ocho. Con la canarinha madrugan jóvenes, niños, mayores y personajes de la noche. Todos con las camisetas de rigor al ritmo de las maracas y los goles de la seleçao . Salvo la caipirinha , el Mesón Sobrado responde a los tópicos de un garito brasileño. Triunfan el pan de queijo y el guaraná, la bebida que popularizó Jardel y promocionan ahora Rivaldo y compañía. Al otro lado de la barra atiende Suso, enfundado en el 7 de la verdeamarela con el que Bebeto acunó el tetracampeonato en Estados Unidos. Su mujer es de Goiás, y ambos convirtieron Os Mallos en una especie de consulado brasileño. Por allí pasaba Émerson. Un toque enxebre en el vestuario del Dépor. El gol de Owen cae como una ducha fría. A primera hora, o te rompe o te espabila. A la torcida la encendió. Cae un gol y algunas garotas bailan sobre la tarima. El penta está más cerca. «Si gañamos a Inglaterra, a Copa do Mundo será nosa, como no 58, 62 e 70. Sempre pasa así», recuerda un joven en galegoportugués. En Os Mallos no se usa la futura tercera lengua oficial de la ciudad. Sólo suena el inglés al entrar un chico con la camiseta del Arsenal. Por morbo o curiosidad, eligió el televisor menos apropiado. Al final acaba siendo un amigo. Como Seaman, jugador de los gunners y nuevo ídolo de la torcida . El portero llora, y quienes se toman el triunfo a la tremenda también. La fiesta continúa en la calle al son de la batucada . Son las diez y veinte y queda mucho día por delante. Todavía no se oye «a Copa do Mundo é nosa». Esa puede caer el miércoles a la hora del aperitivo. El próximo partido se juega hoy en el bar La Joakina de Vigo, que acoge a la colonia senegalesa.